VergUenza

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VergUenza

La pésima gestión de nuestra diplomacia nos ha llenado de profunda vergüenza dado el folclórico manejo del “affaire” Assange, convirtiéndola en un verdadero hazmerreír.

Payaso de tercera en un teatro familiar, jamás se graduó y cursó únicamente estudios de programación, enrolándose luego en un grupo de “hackers” subversivos. Fundó WikiLeaks y empezó a sustraerse documentos, para salir a la luz con un video de toque militar, revelando luego 91 mil documentos sobre Afganistán y filtrando otros 250 mil en el 2010.

Acusado de violar a 2 suecas, fue capturado en Londres. Viajó como periodista de un canal ruso y disfrazado, llegó a nuestra embajada en junio del 2012, concediéndosele el asilo.

Lo primero que hizo fue insultarnos diciendo que somos un país insignificante. Instaló un micrófono clandestino en la oficina del embajador para espiarlo; se entrometió en la política norteamericana, afectando a Hillary Clinton; usó su cuenta en Twitter en contra de Guillermo Lasso: se le advirtió que no debía intervenir en política ecuatoriana; propaló noticias falsas sobre Cataluña.

Insólitamente y violentando leyes, la Cancillería cambió el reglamento de naturalización añadiendo como requisito la permanencia por más de 5 años en calidad de asilado en una sede diplomática ecuatoriana y le extendió a este pirata la ciudadanía ecuatoriana, entregándole cédula de identidad y asignándole como residencia la parroquia Chaupicruz.

Fracasó su nombramiento en el servicio exterior y hoy es un inmigrante ilegal, sin visa de permanencia, que enfrenta a la justicia británica al haber violado el estatuto de asilado político.

La ministra de Relaciones Exteriores, correísta de cepa, se tiñe de verde morenizado y plastilínicamente se alinea con el vencedor. El presidente “la dejó en libertad para que tome la mejor opción”, pero ella, carente de preparación y experiencia, vendió al igual que Esaú la nacionalidad ecuatoriana, no sabemos si por un “plato de lentejas”.

Nunca pisotearon a la patria y a nuestros símbolos de manera tan miserable y abyecta. ¡Es hora de que se vaya!

Y sigo andando...