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Verdades inconvenientes

Las afirmaciones hechas por el secretario de la presidencia de la República, el hombre fuerte del régimen, respecto de los entretelones del gobierno han causado estupor, entre otros, en los sectores productivos que tenían cifradas esperanzas de cambio en el accionar del nuevo gobierno. Los voceros empresariales se quejan al sentirse engañados luego de falsas promesas y compromisos vacíos. Manifiestan que se creó una trampa para hacer perder el tiempo y crear expectativas que no se habrán de cumplir, lo que equivale a una tomadura de pelo.

Los resultados nugatorios avalan las revelaciones del funcionario. El estilo y la retórica son diferentes, pero se trata de un juego político consistente en fingir que hay cambios en la concepción de la economía mientras, fieles a consignas ideológicas carentes de sustento, todo sigue igual. Tan igual sigue todo que continúan las mismas personas en posiciones de mando, tomando decisiones erradas; la propuesta es fiscalista en la mejor tradición del correato; el presupuesto es calcado de los anteriores, y se vuelven a apretar las amarras contra la libertad de emprender y el comercio legítimo imponiendo medidas antitécnicas como la tasa de los “diez centavitos”. El ritmo de endeudamiento, a la par, se acelera en las condiciones más onerosas posibles; se anuncian cambios en la política petrolera, pero el único resultado material es el de haber sacrificado más de $1.200 millones en ingresos por exportaciones de crudo bajo la excusa de ser solidarios con la OPEP.

No hay lugar a excusas de “citas fuera de contexto”, pues lo dicho por este funcionario es lo que configura el contexto de su intervención. La cándida aceptación de haber perdido las elecciones en ambas vueltas lleva a cuestionar la legitimidad del gobierno y la representatividad de la Asamblea. La admisión de que las denuncias de corrupción han sido todas ciertas es equivalente a confesión de parte. Finalmente, la burda actitud de los bloques de Alianza PAIS para bloquear la comparecencia del funcionario ante la Asamblea pone en evidencia una vez más la exquisita mañosería y cinismo de dicho movimiento.

Hay razones para sentirse defraudados, y para que las expectativas se desmoronen en un ambiente de creciente desconfianza, cuando lo que se requiere es todo lo contrario.