La unidad electoral cae en tierra árida

  Actualidad

La unidad electoral cae en tierra árida

El panorama político ecuatoriano no es propicio para las coaliciones entre partidos. Quince binomios y uno incompleto dan cuenta de aquello. Expertos analizan el escenario

Screenshot_20200905-173531_Twitter
Una de las excepciones en esta contienda es la alianza firmada entre el movimiento CREO y el Partido Social Cristiano.CORTESÍA

Ha quedado claro que el sentimiento de unidad electoral en las organizaciones políticas aún no florece. En esta semana, los ecuatorianos fueron testigos de una alianza política (para algunos inesperada, para otros no tanto) entre el movimiento CREO y el Partido Social Cristiano, pero el escenario electoral con miras a las presidenciales de 2021 no deja de ser bastante disperso.

20200904_113232

Tres alianzas electorales nacionales se presentaron para la Presidencia

Leer más

Establecer coaliciones no solo cierra en un rostro o en unos pocos las opciones de voto, lo que de por sí ya ayuda al elector indeciso a tomar una decisión, sino que también evita el fraccionamiento del voto (que un porcentaje considerable del pastel de sufragios lo capten muchos candidatos, en desmedro de otro con mayores posibilidades), sobre todo en un panorama como el actual. El 89 % de los ecuatorianos a julio de este año no había decidido por quién votar para la Presidencia y el 95 % no confía en los políticos, según una encuesta de Cedatos.

Si a esto se suma que son 15 binomios y un precandidato presidencial los que firmaron su aceptación de postulaciones ante el Consejo Nacional Electoral, las alianzas son una opción que ya se cerró.

La abultada cifra de precandidatos es la confirmación del poco o nulo interés de los partidos y movimientos en propiciar una verdadera unidad de tendencias, o simplemente esa nunca fue la intención bajo su legítimo derecho de participar con candidatos propios.

Pero hay varias aristas adicionales detrás de ese panorama. El analista político Pablo Ruiz considera que la palabra “unidad” es utilizada dentro de una estrategia discursiva electoral de actores políticos para empujar al votante a una lucha electoral entre ‘blancos’ y ‘negros’, izquierda contra derecha. “La política mueve intereses y al hacerlo significa que son intereses contrapuestos, al menos cuando nos han vendido que la política es polarizante entre buenos y malos”.

Bajo este contexto, a criterio del experto, lo que demuestra esta polarización de binomios presidenciales es que no han sido capaces de ceder intereses para crear una gran estrategia de avanzada. “Además que hay un montón de organizaciones políticas que representan diferentes intereses y eso indica otra cosa. No tengo organizaciones que sean plurales, sino que terminan quedándose otra vez en los ejes tradicionales de derecha e izquierda, cuando ahora las votaciones serán por causas. La estrategia es discursiva y polarizante del tablero entre algo que es entre ellos y nosotros. Y entre ese blanco y negro existe un mundo de grises”.

No es esa la única batalla que enfrenta una unidad entre agrupaciones. Daniel González, analista electoral, considera que uno de los factores que hacen a este terreno poco fértil para la unidad es la pretensión de las organizaciones políticas de buscar espacios de elección popular, “más allá de que puedan tener intención de voto o no”. Otro factor, según el experto, es el poco diálogo y acuerdo político, sobre todo entre organizaciones de la misma tendencia. “Al no haber este tipo de diálogos, cada cual plantea sus actividades político-partidistas y no abre las puertas para conversar. Además, tenemos una política marcada por personas más que por partidos. Las personas no renuncian al espacio de poder que quieren captar. Las negociaciones no se pueden dar porque ‘todos se pueden quitar, menos yo’. Bajo ese parámetro, nadie se quita y todos quieren ser candidatos”.

Ministro Martínez

El Ministerio de Finanzas invita al CNE a analizar el presupuesto para las elecciones

Leer más

La declinación de Cristina Reyes, exprecandidata presidencial socialcristiana proclamada en primarias, rompió ese molde. Cerró filas a favor de Guillermo Lasso del movimiento CREO. Y ese tipo de desprendimientos poco se ve en política. El último intento fue la fallida Unidad en los comicios de 2017, que el Partido Social Cristiano, SUMA, Avanza, Concertación y autoridades locales quisieron consolidar, pero se desmoronó en el camino por un intento de empujar a Jaime Nebot a la candidatura. Cuando este decidió no participar, cada uno cogió su propia ruta.

Con González coincide el director del Instituto Internacional de Marketing y Comunicación, Jorge León, quien concluye que las negociaciones no suelen pasar del estrechón de manos por la negativa a renunciar. “En la medida en que haya madurez política para dejar de lado egos personales o figuras políticas que se creen ‘rock stars’ siempre será importante que las alianzas terminen dándose bajo un eje programático, que indistintamente de la tendencia consoliden un proyecto”.

El consultor político Juan Pablo Mendoza es de los que creen que la presencia de varios rostros en una contienda electoral es parte de la democracia y que lo ideal es que exista un equilibrio entre representantes de cada tendencia; pero cuando esto sobrepasa los límites, ya se convierte en una polarización que provoca el fraccionamiento del voto. Como lo que pasó en las elecciones seccionales de 2019, cuando algunos candidatos que no encabezaban las encuestas terminaron ganando con bajos porcentajes de votos. Claro, en una contienda presidencial existe la segunda vuelta. “Siempre hay un candidato que tiene un objetivo electoral. No siempre hay candidatos inscritos para ganar. Hay candidatos con otros objetivos, como fracturar el voto de los contrincantes, ganar representatividad o el reconocimiento del partido, o dividir el voto en una región o provincia”.

Estrategia discursiva y polarizante, falta de capacidad para ceder, el legítimo derecho a participar, falta de diálogo entre organizaciones con visiones comunes, intentos personalistas de no ganar sino captar nichos en determinadas jurisdicciones. A esta lista hay que sumar la promoción electoral. El dinero público que paga el CNE a los medios de comunicación, sin pasar por las manos de las organizaciones políticas, aunque con argucias algunas se las ingenian para captar algo. Como esta, varias denuncias hubo en los pasados comicios por parte de los propios candidatos.

Detrás de estos y otros motivos se ha invocado la unidad electoral, que se lanza como semilla en una tierra árida esperando que germine sin regarla.