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Trump, presidente

El triunfo de Donald Trump en los comicios presidenciales de Estados Unidos es muy preocupante para los países de América Latina. Esa preocupación comenzó desde sus primeras palabras respecto a la región, cuando antes aun de ganar las elecciones prometió construir un muro en la frontera con México y hacer pagar a ese país por su construcción. Con Cuba reaccionó diciendo que cancelará el proceso de apertura apenas iniciado por Obama y se fue contra el gobierno de Venezuela sosteniendo que sus ciudadanos han sido “heridos terriblemente por los socialistas” y que él como mandatario se solidarizará con los “oprimidos” por el socialismo en ese país. Pero contradictoriamente declaró también que de ganar las elecciones expulsará de EE. UU. a 11 millones de indocumentados, lo que constituiría poco menos que un magnicidio, ya que las remesas que estos envían a sus familiares representan en México el 2,17 % del PIB, porcentaje que en Honduras, El Salvador, Nicaragua y Guatemala fluctúa entre el 9 % y el 18 %. Para otros países como Ecuador, Colombia, Perú, Costa Rica y Panamá las remesas familiares significan más del 2 % del PIB. Y aun los grandes países sudamericanos que están ahora en recesión, como Brasil, Argentina y Venezuela, en los dos últimos años han aumentado su dependencia de esos envíos de remesas, provenientes en su mayoría de EE. UU. Cabe recordar que el gobierno de Barack Obama se ha caracterizado por el crecido número de deportaciones de inmigrantes sin papeles y que sólo a finales de su mandato empezó a mejorar sus relaciones con Cuba, pero el bloqueo se mantiene con enorme perjuicio económico para la Isla. Y ni siquiera cumplió su promesa de cerrar la ignominiosa Base de Guantánamo, en desvergonzado atropello que se mantiene para mayor escarnio del derecho internacional y panamericano.

Con Donald Trump, ultraconservador, racista, sexista, millonario y ególatra, sería ingenuo pensar que las relaciones de poder de la gran potencia del Norte con los países latinoamericanos, vayan a mejorar. Pero la verdadera carta de triunfo del nuevo presidente ha sido su exitosa carrera de hombre de negocios. Y en ese campo nuestros países tienen aún mucho que ofrecer. Sólo exigen lealtad comercial a cambio.

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