La era Trump

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La era Trump

Con la elección de Donald Trump se inaugura el posible desmantelamiento del legado de Obama en sus manifestaciones políticas y económicas. El presidente electo, mezcla de plutócrata y populista, ha prometido devolver la “grandeza americana” que, coincidentemente, fue el lema de los pronazis durante la Segunda Guerra.

Ha prometido bajar impuestos; subir el gasto militar en por lo menos $500.000 millones; construir un muro de veinticinco metros de alto y 2.000 y pico de kilómetros de largo para contener a la “horda de criminales y violadores mexicanos” , deportar a once millones de personas, y prohibir el ingreso de los musulmanes a los Estados Unidos; desmantelar la zona de libre comercio con México y Canadá, la alianza Trans-Pacífica, fajarse con China en lo comercial, y borrar cualquier vestigio de libre comercio que atente contra los empleos americanos; advertir a los países de la OTAN para que literalmente cuiden sus propias fronteras con Rusia pues entre él y Putin lo que existe es admiración mutua; denunciar el acuerdo con Irán y hacerle la vida pesadillas a Maduro y Castro; terminar con los derechos de los homosexuales .

En definitiva, quienes se aferran a las convenciones del presente hallarán que su mundo queda, literalmente, al revés.

Bajar impuestos y subir el gasto es un acto de magia negra que se financia con deuda, y que incluso la fuerza americana no lo puede perpetuar. No hay cemento para construir el equivalente de la Muralla China. Deportar a once millones de personas puede causar un exterminio que nos recuerde a la Shoá: desastre de aniquilación del pueblo judío por los nazis. El libre comercio tiene la enorme fuerza de favorecer a los consumidores y crea tantos o más empleos (en diferentes sectores) de los que elimina por ausencia de competitividad. Putin puede, por su enorme sagacidad, convertirse en el maestro titiritero. El botón nuclear no puede ser aplastado como reacción a un “tweet” que moleste el sueño del futuro presidente. Y la deslegitimación de Maduro y Castro puede tener efecto de bumerán.

Entramos a una era de incertidumbre, preñada de peligros y de nuevos desafíos que requerirán de nuevos instrumentos de navegación y aptos navegantes para sortear los riesgos de confrontación que hoy se han multiplicado.