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Triunfo el odio...

el triunfo de Donald Trump causó gran conmoción en casi todo el mundo. “A temblar”, así se expresó la prensa mexicana. “Socorro”, dijo el “viejo” José Mujica. “Terremoto político”, dijeron varios comentaristas internacionales. Estas y otras expresiones más tienen su razón de ser. Trump, a lo largo de su campaña, demostró odio para con los migrantes, odio para con los mexicanos, odio para con las mujeres, a las cuales calificó con términos impropios de un ciudadano cualquiera, y con mayor razón de un hombre que aspiraba a ser presidente de los Estados Unidos. Por todos estos aspectos se ha considerado también por parte de analistas, que con el triunfo de Trump ganó el odio. Pero si grave es esta situación, es más grave aún conocer que hubo millones de ciudadanos que permitieron el triunfo del odio, lo que significa que el problema no es Trump, sino las gentes que lo siguen, porque aunque el presidente electo de los Estados Unidos no hubiere resultado ganador en las elecciones, esas gentes quedan. La política mundial, con las excepciones de toda regla, está degradada. Porque si triunfa el odio, el insulto, la calumnia, la frase procaz, se demuestra que para hacer política no hay que tener capacidad ni preparación, sino una lengua viperina a la que la siguen, desgraciadamente, millones de mediocres. El triunfo de Trump, a criterio de los analistas, no es otra cosa que el triunfo del populismo, que permite engañar a las multitudes con falsedades, con ofertas que no se cumplirán y con exacerbar los complejos que se anidan en los seres humanos y que no los pueden expresar sino valiéndose de esos populistas. Trump parece que recibió este mensaje y cambió su discurso cuando en la reunión que tuvo con Obama para preparar la transición de entrega del mando dijo que para gobernar va a tener que pedirle consejos a su antecesor y empezó a hablar de armonía y de unión. Pero no olvidemos lo que dijo Talleyrand: “Hay que desconfiar del primer mensaje o del primer movimiento del triunfador porque siempre son generosos...”.

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