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Diario Expreso Ecuador

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Tratado de la estupidez (II)

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Sería extenso detallar las “célebres” intervenciones de personajes políticos tan dispares como Carlos Menem, George W. Bush, Mariano Rajoy, José María Aznar o algunos políticos locales, sin embargo vale la pena recordar las de ciertos líderes de nuestra región.

A Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, se le atribuyen algunas disparatadas teorías, como que la muerte de Hugo Chávez se debió a las “fuerzas oscuras” que le habían inoculado el cáncer o que el hombre araña es el culpable de los antivalores que fomentan la violencia en los jóvenes venezolanos. El propio Chávez sugirió alguna vez que el planeta Marte pudo haber tenido vida civilizada que habría sido diezmada por el capitalismo. Probablemente todo esto lo podrá resolver el surrealista viceministro para la Suprema Felicidad Social de Venezuela.

Evo Morales, presidente de Bolivia, no se queda atrás con su extravagante hipótesis de que las hormonas femeninas que se inyectan a los pollos son las que originan el aumento de la homosexualidad masculina en el mundo. Otra de sus teorías -“evadas” en argot boliviano- es la de atribuir la calvicie de los europeos a su mala alimentación, algo que no sucedería en los indígenas bolivianos.

No se vaya a pensar que la estupidez es un atributo exclusivo de los políticos, que se acentúa cuando llegan al poder. Hay situaciones estúpidas tan dispares como que en muchas escuelas del sur de Estados Unidos se enseñe el creacionismo como una teoría científica y se denigre al evolucionismo, la existencia de un Partido Nacional Socialista en Perú integrado por indígenas y mestizos o un culto hacia Maradona con seguidores en todo el mundo.

Al terminar su libro Paul Tabori se preguntaba si dolía ser estúpido, lo cual fuera totalmente razonable si el estúpido estuviera consciente de que sus acciones o sus palabras fueran estúpidas, como se contestaba Tabori: “Desgraciadamente, no duele. Si la estupidez se pareciera al dolor de muelas, ya se habría buscado hace mucho la solución del problema. Aunque, a decir verdad, la estupidez duele... solo que rara vez le duele al estúpido”.

colaboradores@granasa.com.ec

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