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Diario Expreso Ecuador

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El traslado a Alangasi

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El 80 el Círculo de Lectores publicó en Quito y en Bogotá su antología Lírica Ecuatoriana Contemporánea, en dos tomos de 729 páginas corridas y 15.000 ejemplares las dos ediciones, las cuales se agotaron enseguida, con críticas y pequeñas antologías en un poco más de un centenar de poetas. Libro considerado el primero en su género y único en el país. Con los poetas mayores el estudio discurre de obra en obra y de etapa en etapa, estudiando sus lenguajes, su evolución, y fue presentado en mesas redondas en las principales ciudades del país, causando la natural conmoción que esta clase de libros ocasiona.

Para celebrar el día del idioma entregó un libro bello y curioso: Por los caminos del Quijote, Quito, Publitécnica, que refiere el diálogo del narrador americano, buen conocedor de la novela, y un joven español de quince años que apenas ha dado sus primeros pasos por las páginas del Quijote y para quien todo resulta nuevo, al que cuenta las largas caminatas del personaje cervantino.

El 82 visitó nuevamente Alemania y no pudo entrevistar al escritor Heinrich Bolh porque le dijeron que estaba en la Selva Negra, donde tenía una casa y allá no veía a nadie. Entonces supo que ese era su camino y de regreso al Ecuador dejó su residencia en la Mariscal y adquirió una quinta en la comuna indígena de San Juan Bautista de Angamarca, aunque luego se cambió a Alangasí, en el valle de los Chillos, compartiendo la tranquilidad que brinda el campo. “Rompí toda dependencia laboral, alquilé mi vivienda en el centro de Quito y su arriendo sirvió para cubrir gastos. Nunca más dicté clases, acabaron los horarios, comencé mi liberación disponiendo de todo mi tiempo, como Bolh”.

Crítico literario, poético y artístico tan certero (su tercera vertiente) escribía no para halagar ni como forma fácil de escalar posiciones sino como cientista total, por eso no acostumbraba obsequiar adjetivos ni se dejaba llevar por sentimentalismos.

En El Tiempo mantuvo por diez años su columna El libro de la semana y en Expreso la titulada De libros y gentes, con artículos profundos que en ocasiones hasta dieron lugar a resquemores, pues es bien conocido que los buenos críticos, por decir verdades corren peligro de hacer enemistades.

Dentro del arte escribió más de cien monografías con biografías y críticas mensuales y hermosas reproducciones a colores en la portada y páginas centrales de la revista Diners, sobre pintores y escultores contemporáneos. La revista decidió reunir dichos trabajos en una publicación.

El 81, para el bicentenario del nacimiento de Andrés Bello, como delegado ecuatoriano presentó en el Congreso Internacional reunido en Panamá en homenaje al maestro Bello, un libro de 350 páginas que se convertiría en obra clave para la inteligencia de la literatura infantil en América, bajo el nombre de Claves y secretos de la literatura infantil y juvenil-poética, estética, retórica, ética- publicado por el Instituto Otavaleño de Cultura ese año. La obra manifiesta que los niños e infantes no pueden ser manipulados ni domesticados, deben ser humanos, críticos, libres y rebeldes, en un clima de enorme apertura, de esperanza, de alegría.

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