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Trampa de la eleccion anticipada
La pérdida de mayoría parlamentaria que sufrió el Partido Conservador en la elección anticipada del Reino Unido dejó otra vez mal parados a analistas políticos, encuestadores y otros pronosticadores. Fue un resultado que pocos esperaban. Muchos han señalado que Theresa May, la primera ministra conservadora, hizo una campaña pobre, y que los modelos de los encuestadores subestimaron la participación electoral de los votantes más jóvenes. Al mismo tiempo, Jeremy Corbyn (líder del opositor Partido Laborista) consiguió mostrarse capaz y confiado. Pero es posible que todas estas explicaciones, que apuntan estrictamente al desarrollo de la campaña, sean irrelevantes. Hay una explicación mejor surgida del campo de la psicología. Si los analistas hubieran prestado atención a una teoría bien establecida de la psicología de las elecciones anticipadas, habrían podido prever el resultado de la elección en el RU. Según investigaciones del politólogo Alastair Smith (Universidad de Nueva York), quien examinó datos de encuestas y resultados de elecciones generales en el RU desde 1945, cuando el primer ministro llama a elección anticipada es frecuente que el tiro le salga por la culata. Lo mismo sucedió en Australia en 1998. En un estudio de 2003 publicado en el British Journal of Political Science, Smith concluye que el apoyo popular a los líderes que llaman a elecciones anticipadas suele disminuir con el correr de la campaña, un efecto que es tanto más probable cuanto más popular sea el líder al momento de la convocatoria; y que las elecciones generales anticipadas se parecen a un partido de póquer psicológico, donde el gobernante echa un farol y el electorado se da cuenta. Según la teoría de Smith, al llamar a elección anticipada May dejó entrever sus cartas a los votantes, y estos sospecharon que estaba tratando de aprovechar esa información exclusiva para reforzar su propia posición política. Margaret Thatcher, en el póquer electoral siguió una estrategia opuesta a la de May. Tras declarar victoria en la Guerra de las Malvinas, Thatcher estaba en la cima de su popularidad. Pero decidió esperar y correr el riesgo de que su gobierno perdiera popularidad debido a eventuales fracasos futuros con sus políticas. La evaluación de ese riesgo dependía del desempeño que Thatcher esperaba tener el año siguiente. Si estaba segura de tener soluciones eficaces a los problemas que pudieran surgir, no había mucho riesgo en postergar el juicio de las urnas. Si por el contrario, Thatcher no tenía confianza en sus políticas, tenía más motivos para aprovechar su popularidad en aquel momento con una elección anticipada, y así no poner en riesgo sus chances con el correr del tiempo. La enseñanza principal que hay que extraer es que el momento en que se convoca a elecciones puede revelar la confianza que el gobernante se tiene para el futuro. A igualdad de otros factores, un gobierno competente esperará más antes de convocar al electorado, mientras que un líder inseguro tratará de capitalizar su popularidad cuando la tiene. De acuerdo con Smith, el líder que llama a elección anticipada debe estar preparado para perder apoyo, como acaba de ocurrir en el RU. May demostró que es una líder mucho más insegura de lo que se pensaba. Condujo una campaña sin atractivos en la que su promesa de “liderazgo fuerte y estable” sonó hueca. Pero la derrota humillante que sufrió era previsible incluso antes de que empezara la campaña.