Tragarse las palabras

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Tragarse las palabras

Los últimos hechos de nuestro país tienen mucho de similitud con lo que ha ocurrido en Chile y México. En los tres casos ha habido situaciones desbordantes y una absoluta falta de olfato político para advertir lo que se podía venir.

El martes 15 de octubre fue capturado Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín ‘Chapo’ Guzmán, en Culiacán, México. Tenía orden de extradición por los delitos de conspiración para traficar a Estados Unidos cocaína, metanfetaminas y marihuana de México y otros países entre 2008 y 2018, de acuerdo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Inmediatamente Culiacán se convirtió en un campo de batalla entre las células del Cártel de Sinaloa y las fuerzas del orden. Luego de ocho muertos y enfrentamientos en los que la policía se vio superada, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador liberó al detenido quien se encuentra ahora en paradero desconocido. La familia del Chapo Guzmán agradeció públicamente a López Obrador.

El domingo 6 de octubre se decretó el alza de la tarifa del sistema público de transporte de Chile. El sábado 19 de octubre, luego de violentas manifestaciones, saqueos e incendios callejeros, además de heridos entre los manifestantes y entre los policías y los militares, el presidente Sebastián Piñera dio marcha atrás y revocó la decisión del alza del pasaje. El presidente chileno declaró que había escuchado “con humildad la voz de mis compatriotas y no tendré miedo a escuchar esa voz, porque así se construyen las democracias”.

Sabemos que los políticos pueden defender algo ahora, luego lo contrario y quedarse tan campantes. O tener la capacidad de poder hablar y hablar y no decir nada. Sin embargo en nuestro país, México o Chile, la presión de la calle en la que se han mezclado ciudadanos descontentos, políticos inescrupulosos, lumpen y hasta narcotraficantes ha obligado a sus presidentes a dar marcha atrás, a desdecirse y a revocar sus decisiones.

Ya lo dijo Winston Churchill: “La dieta que mejor le sienta a un político es la de comerse sus propias palabras”.