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El torturador de arqueros dice adios

Ya no se prodigaba como antaño con los saltos mortales con los que celebraba cada gol -“los años pasan y ya no tengo tanta agilidad”, confesaba-, pero nunca se alejó del todo del gol Miroslav Klose (Opole, Polonia, 1978) hasta que ayer anunció su retir

Recuerdo. En la final de la Copa del Mundo 2014,  el alemán Miroslav Klose celebró el título junto a sus hijos, en la cancha del estadio Maracaná.

Ya no se prodigaba como antaño con los saltos mortales con los que celebraba cada gol -“los años pasan y ya no tengo tanta agilidad”, confesaba-, pero nunca se alejó del todo del gol Miroslav Klose (Opole, Polonia, 1978) hasta que ayer anunció su retirada como futbolista para incorporarse al equipo técnico de Joachim Löw en la selección alemana de fútbol.

No es una decisión aleatoria porque en ella vivió sus mejores días como futbolista y fraguó una leyenda que le sitúa como el máximo goleador de la historia de los mundiales con 16 tantos, uno más que Ronaldo Nazario, al que superó justamente en el campeonato celebrado en Brasil con un gol en el histórico 1-7 de las semifinales.

“Con el equipo alemán celebré mis mayores éxitos y es un honor poder comenzar en ella mi formación para poder ser entrenador”, explica Klose, que pasará a la historia más como un futbolista de selección que de club profesional.

De un lado a otro de la frontera, siempre traspasada la del gol, Klose cuelga las botas tras dejar una estela de señorial rectitud. Dos veces rectificó sobre el campo decisiones arbitrales que le favorecían, todavía al final de su estancia en Italia se maravillaba de la laxitud mediterránea en cuestiones que tenían que ver, por ejemplo, con la puntualidad.

En su adiós es inevitable detenerse en algunas de sus plusmarcas que figuran en los libros de la historia del fútbol, pero Joachim Löw advierte que hay algo más tras ellas: “Klose es un ejemplo como persona y deportista”.