Actualidad
Tormenta perfecta
La convulsión planetaria es, si cabe el término, una tormenta perfecta reminiscente de las circunstancias geopolíticas que precedieron a la Segunda Guerra Mundial. La guerra comercial entre China y Estados Unidos presagia una recesión económica mundial. La tendencia se acentúa por el cierre parcial del gobierno federal americano, el más largo de la historia, en un entreverado conflicto político cuyo referente es el muro fronterizo con México. El ‘brexit’, esto es la salida del Reino Unido de la Unión Europea, causará serios descalabros al proyecto europeo de unión, y un potencial colapso para los británicos. Finalmente, la propia China, otrora determinante del crecimiento de la economía mundial, atraviesa por su propia crisis de liquidez y crecimiento, encontrándose cada vez más acorralada en la trampa de estímulos tan costosos como inefectivos.
En la región, la situación de Venezuela ha llegado a un punto culminante enfrentando a Maduro y su gobierno con Guaidó y el poder Legislativo, respaldados estos por la amplia mayoría del pueblo venezolano. Los gobiernos latinoamericanos han decidido, casi en consenso, desconocer a Maduro, y el rompimiento de relaciones entre este y Washington pone a Maduro en un conflicto terminal. Frente a las divisiones que ya se perciben en el ejército, existe el riesgo de guerra civil, riesgo que incluso puede trasladarse a un enfrentamiento bélico con Colombia y Brasil.
Casa adentro, finalmente, estamos también convulsionados. El Gobierno escogió unirse a la mayoría de la región, reconociendo a Guaidó, y con ello ha ganado puntos. Sin embargo, los acontecimientos lacerantes de la semana pasada ponen en evidencia la descomposición social interna y la inseguridad que amenaza a los ciudadanos. A ello se suma la crisis fiscal, la pérdida de empleos y la presencia de la corrupción como elementos irredentos de nuestra realidad.
La tormenta perfecta amenaza la seguridad y la convivencia entre naciones. Son circunstancias preocupantes para un país que, como el nuestro, navega por aguas tormentosas y se debate en un estado de incertidumbre y de alta vulnerabilidad financiera, en una economía atrapada y solitaria de decisiones que articulen los cambios requeridos.