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Diario Expreso Ecuador

Guayaquil aún vive por ti: ¿Se puede superar el deterioro y la falta de rumbo?

La ciudad sí puede resurgir, tal como ocurrió en los años 90 con León Febres-Cordero, si sus habitantes eligen un alcalde con visión, civismo y liderazgo.

Guayaquil puede resurgir, como lo hizo en los años 90, con el esfuerzo ciudadano, bajo el lema Guayaquil vive por ti.

Guayaquil puede resurgir, como lo hizo en los años 90, con el esfuerzo ciudadano, bajo el lema Guayaquil vive por ti.Archivo Expreso

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Hubo un momento en que Guayaquil salvaba su espíritu de ciudad. Eran inicios de los noventa. La ciudad no era la postal que hoy muchos recuerdan: estaba golpeada y con una autoestima colectiva por el suelo. El propio Palacio Municipal había sido reducido a una pocilga indigna; había descomposición social y urbana. Esa era la ciudad que recibió León Febres-Cordero en 1992.

La respuesta en aquella época no fue solo hacer obra. Fue darle sentido a la obra. Por eso, junto a la reconstrucción material se impulsó una idea de civismo, identidad, pertenencia: que cada obra tuviera un norte. Que el ciudadano no fuera un espectador, sino parte activa de lo que se estaba reconstruyendo. Y allí nació la campaña Guayaquil vive por ti. Una campaña que no te hacía parte de un ‘marketing’ electorero circunstancial ni de una revolución desfasada. 

No se autodenominaba “ciudadana” cuando ni siquiera el voto de los propios ciudadanos es representado, ni sus representantes -en muchos casos- viven en la ciudad o cambian de camiseta. Simplemente decía: Guayaquil vive por ti, porque Guayaquil es el reflejo de quienes la habitan, y quienes la habitan le dan vida a la ciudad.

Ese fue el verdadero cambio.

La recuperación de Guayaquil es también tarea ciudadana

Con los años, ese modelo -con aciertos y errores- empezó a diluirse. Pero existía. Había una dirección, una narrativa de ciudad, una idea que ordenaba las decisiones. Y, curiosamente, muchos de quienes durante décadas se opusieron a ese enfoque terminaron heredándolo, pero sin saber sostener sus obras. En algunos casos, las deterioraron. Se quejaban de la calle Panamá, y terminaron deteriorándola. Se quejaban de la gestión cultural, y terminaron improvisando sin un propósito que la articule. Se pasó de una ciudad con modelo -perfectible, discutible- a una que improvisa. Una ciudad que no sabe, no puede o ya no quiere mantener sus autonomías, y que ha perdido la capacidad de coordinarse hacia el futuro porque le falta norte. Ese “Guayaquil vive por ti” que marcaba un rumbo, que te hacía sentir parte de algo. Ese algo que la delincuencia, la politiquería y la desidia quieren destruir, pero que aún habita dentro de nosotros.

Guayaquil aún vive. Y es gracias a ti.

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