Esmeraldas vivió el debut de Ecuador en el Mundial 2026 entre lluvia, sol y arcoíris en Las Palmas
Miles de esmeraldeños vivieron el debut de Ecuador en el Mundial 2026 en Las Palmas, entre lluvia, sol y un arcoíris que marcó la jornada

En Las Palmas, esmeraldeños vivieron la fiesta del fútbol por el debut de Ecuador en el Mundial 2026.
Esmeraldas vivió el debut de Ecuador en el Mundial 2026 en Las Palmas entre lluvia y arcoíris
- Esmeraldas vivió el debut de Ecuador en el Mundial 2026 en Las Palmas
- Entre lluvia, sol y arcoíris, Esmeraldas vivió el partido Ecuador vs Costa de Marfil
- Familias y hinchas llenaron Las Palmas con banderas y cánticos por Ecuador
La tarde parecía haber sido escrita por un guionista caprichoso. A ratos, la lluvia obligaba a cubrirse; minutos después, el sol volvía a aparecer sobre el malecón de Las Palmas y, como un regalo inesperado, un arcoíris se dibujó en el horizonte. Bajo ese escenario cambiante, con la brisa del mar golpeando los rostros y el sonido constante de las olas, miles de esmeraldeños comenzaron a vivir uno de esos días que quedan grabados en la memoria colectiva: el debut de Ecuador en el Mundial 2026 frente a Costa de Marfil.
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Desde las 14:00, la explanada del principal destino turístico de la ciudad empezó a llenarse de familias enteras, grupos de amigos y aficionados que llegaron vestidos con la camiseta amarilla, portando banderas y vuvuzelas. La expectativa era evidente. Algunos buscaban los mejores lugares frente a la pantalla gigante, mientras otros improvisaban espacios sobre el césped o junto al malecón.
Las expresiones de alegría aparecían incluso antes del pitazo inicial. Entre abrazos, fotografías y cánticos, se escuchaba un grito que se repetía de un extremo a otro: “¡Gana Esmeraldas! ¡Gana Ecuador!”. Era más que una consigna futbolística. Para muchos, representaba el orgullo de una provincia que siempre ha aportado talento y pasión al deporte nacional.

Hincha de Ecuador en Esmeraldas, viendo el Mundial 2026.
Uno de los primeros en llegar fue Ernesto, acompañado de su esposa Karen y su pequeño hijo. La familia había decidido convertir el partido en una jornada completa de paseo. Antes del encuentro disfrutaron de un baño en la playa y luego compartieron un almuerzo frente al mar.
“Vinimos desde el mediodía porque queríamos vivir todo el ambiente. Nuestro hijo nunca había visto un partido de la Selección rodeado de tanta gente”, comentaba Ernesto mientras sostenía una bandera tricolor. Jomaira sonreía observando a la niña, que agitaba una pequeña vuvuzela casi tan grande como sus brazos.
No fueron los únicos. Muchas familias llegaron preparadas para permanecer varias horas en el lugar. Algunos llevaron sillas plegables para observar el partido con mayor comodidad. Otros aparecieron con sombrillas, hieleras y hasta pequeñas mesas improvisadas. El malecón se transformó por unas horas en una enorme sala de estar al aire libre.
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También estaban los amigos inseparables. Un grupo de jóvenes provenientes del sector de Codesa llegó con los rostros pintados y una enorme bandera que extendieron sobre el piso mientras esperaban el inicio del encuentro. “No importa si llueve, aquí nos quedamos hasta el final”, repetían entre risas.
La organización del evento obligó a restringir el tránsito vehicular mediante vallas metálicas. Sin embargo, algunos motociclistas intentaban encontrar rutas alternas para acercarse al sitio. Pese al movimiento y la multitud, el ambiente se mantuvo festivo.
Con cada aproximación de Ecuador al arco rival, la explanada explotaba en gritos y aplausos. Los abrazos espontáneos entre desconocidos se multiplicaban. Pero el fútbol también tiene su lado amargo. Cuando las acciones no salían como esperaba la afición, los rostros se transformaban. Algunos se tomaban la cabeza con ambas manos; otros guardaban silencio mirando la pantalla con evidente frustración.

Una 'marea' tricolor en Las Palmas.
La ilusión y la decepción convivieron durante toda la tarde. Hubo quienes terminaron celebrando y quienes se marcharon con la tristeza propia de un resultado adverso, pero ninguno se fue indiferente. Porque, más allá del marcador, la jornada dejó una imagen poderosa: una ciudad unida alrededor de una misma pasión.
Mientras caía la noche sobre Las Palmas, las conversaciones continuaban. Algunos analizaban las jugadas, otros ya pensaban en el próximo partido. Y aunque las emociones fueron cambiando como el clima de aquella tarde, entre lluvia, sol y un arcoíris inesperado, todos coincidían en algo: el Mundial había comenzado y Esmeraldas, una vez más, había demostrado que sabe vivir el fútbol con el corazón.