Tiempos de pragmatismo

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Tiempos de pragmatismo

En materia económica no hay que desentrañar mucho para lograr evidencias de que el pragmatismo ha dominado una década marcada por la crítica al liberalismo económico, que también tuvo errores de peso en la conducción del país.

Tiempos de pragmatismo

En materia económica no hay que desentrañar mucho para lograr evidencias de que el pragmatismo ha dominado una década marcada por la crítica al liberalismo económico, que también tuvo errores de peso en la conducción del país. En deuda externa, inversión, comercio exterior y el cambio de matriz productiva, los hechos han caído con peso sobre los discursos.

Deuda externa. El actual Gobierno llegó al poder con un discurso de izquierda radical contra la “deuda ilegítima”, que tuvo que renegociar en enero de 2009 con efecto positivo en la contabilidad: una rebaja de capital e intereses de los bonos Global.

El régimen fue el más duro crítico de las deudas tomadas por sus antecesores con el Banco Mundial y el Fondo Monetario. Hoy no hay rastros del capital de esa deuda “ilegítima”. El BID (Banco Interamericano de Desarrollo) y la CAF están ahora entre los mayores prestamistas. Y también China. Aunque sus operaciones han sido consideradas por los opositores de “usura”. La última emisión de bonos en el mercado estadounidense, el primero de 1.000 millones y el segundo, de $ 1.000 millones también, fue criticada, por el casi al 8 % de interés y que el Gobierno la defiende por haberle ayudado a salir del bache provocado por la caída del petróleo.

El otro, aunque acreedor interno, es el IESS. Sus operaciones se mantienen sin atrasos y le generan una rentabilidad que han valorado sus directivos.

Inversión privada. La propuesta que hiciera la Cámara de Industrias de Guayaquil en 2014, luego de dimes y diretes, al final caló en las autoridades. Dos años después se aprobó la famosa Ley de Alianzas Público-Privada que permite a empresarios invertir en infraestructura y servicios para el Estado.

Casi al ras de esa aprobación se firma la primera y más relevante alianza con DPWorld, de capital dubaití, con una oferta de inversión de 1.200 millones en el puerto de Aguas Profundas de Posorja. Después vino Yilport, que promete $ 700 millones en Puerto Bolívar; y posiblemente una cuarta, Agunsa, por $ 150 millones para el puerto de Manta. Está en la puerta del horno. Y, en la última semana, hay prospectos que apuntan a traer más capital foráneo. Se espera su concreción.

Comercio exterior. Decir no a los acuerdos comerciales con las potencias fue el caballo de batalla del Gobierno. Sin embargo, en concordancia con las necesidades del sector productivo, ha profundizado el acuerdo más esperado: el multipartes con la Unión Europea. Está claro, la realidad comercial agroexportadora le ganó la batalla a la política de puertas cerradas. Era tan duro el impacto de no firmar un acuerdo con la UE, que significaba dejar sin empleo a miles de costeños, donde se concentran los productos que se exportan a la Europa comunitaria. Las críticas al acuerdo firmado por Colombia y Perú en 2013 se las ha llevado el viento: Ecuador se adhirió a ese acuerdo que le permiten exportar más e importar bienes de capital especialmente, a menores costos.

matriz productiva. También, desde el inicio del Gobierno, algunos funcionarios enfilaron sus críticas al “modelo agroexportador”, basado en materias primas en clara crítica al banano y otros tradicionales.

Se pensó y se planificó darle un impulso a la industria y los servicios a través del cambio de matriz productiva. Así nacieron las hidroeléctricas, las instalaciones de gas licuado de petróleo, los muelles para la pesca artesanal y aún con ciertos problemas, el ensamblaje de televisores, teléfonos, cocinas y otros equipos.

Sin embargo, en estos años el banano, camarón, flores, atún, cacao han demostrado que están para quedarse: siguen tan fuertes como para que entren los suficientes dólares.

El propio ministro de Agricultura, Javier Ponce, ha destacado la fortaleza del camarón y ha dicho que el cacao puede generar en los próximos años 2.000 millones de dólares. De hecho, el mismo Gobierno se ha puesto al frente para potenciar al camarón.