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Termina la paralisis
Sin mayores expectativas, entra el pueblo ecuatoriano a un período de reflexión previa a emitir su voto en la consulta del próximo domingo. La ausencia de tensiones respecto a los resultados, que se estima favorecerán ampliamente la respuesta positiva a los interrogantes formulados, es la que limita la esperanza de que el resultado modifique sustantivamente el devenir de la vida nacional.
Sin embargo, y por paradoja, es evidente que mucho de lo que debería actuarse frente a la certeza de la crisis ética, económica y política que aflige al Ecuador, ha quedado postergado esperando los resultados de la dichosa consulta.
Ocurre que el país se ha vuelto primario en la profundidad de sus análisis y siempre está especulando sobre lo coyuntural, sin tener en su horizonte una promesa de futuro que le devuelva el optimismo, que le otorgue un sueño de grandeza.
Todo el afán colectivo se concreta en tratar de cerrarle el paso a lo que ahora se juzga como muy negativo, a despecho de que se le permitió actuar con gran respaldo popular durante una larga década.
Queda así evidenciado, tal cual han señalado algunos observadores lúcidos, que la educación política es uno de los déficits que hay que tratar de superar, y la tarea de hacerlo debería ocupar prioritariamente a los partidos, que incluso cuentan con un fondo partidario destinado a ese propósito.
En cualquier caso, cuando el próximo domingo se conozcan los resultados de la consulta, es de esperar que el país recupere el dinamismo que le es imprescindible para enfrentar las diversas situaciones anómalas que lo acosan desde hace ya demasiado tiempo, sin que se den los pasos queridos para superarlas.
Toca entonces, más allá de las especulaciones intrascendentes sobre quién ganó una consulta que no puede personalizarse como la victoria de este o aquel político, pues será victoria del pueblo que quiere darse una segunda oportunidad luego de un ciclo lamentable, intentar en un marco de gran unidad nacional el diseño de un camino nuevo, con metas claras y factibles, que posibiliten una salida de la crisis lo menos cruenta posible y lo más equilibrada en cuanto a no colocar las mayores cargas sobre los hombros de los menos favorecidos. Esa es la gran tarea de los días que vienen: en unidad de criterio y acción, superar la parálisis y actuar.