Teoria del caos del gobierno de Trump
Tras la asunción de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, se ha vuelto evidente que pretende revertir la agenda progresista-igualitaria que está normalmente asociada con la “corrección política” en EE. UU. y a nivel global. Stephen Bannon, mentor de la Casa Blanca de Trump y ex CEO de la publicación de extrema derecha Breitbart News, desde hace mucho tiempo persigue este proyecto ideológico, y ahora sabemos que lo que él o Trump dicen debe tomarse en serio y al pie de la letra. La transición de Trump en un principio resultó tranquilizadora, porque nombró a muchas personas incuestionablemente serias, pero luego se desató el infierno cuando Trump y Bannon empezaron a implementar a fondo su proyecto. Este podría tener implicancias geopolíticas y económicas de amplio alcance que deberían preocupar a progresistas y a conservadores declarados, como yo. Para entender hasta dónde están dispuestos a llegar, debemos comprender sus objetivos finales. Más preocupante es el hecho de que, probablemente, la agenda de Trump y Bannon suponga políticas para debilitar, desestabilizar o incluso desmantelar a EE. UU. En términos geoestratégicos convencionales, la UE es casi una extensión sin costo del poder político y militar de EE. UU. Debido a la significativa superioridad militar de la OTAN, y al rol de la UE como barrera para la expansión rusa, EE. UU. puede evitar involucrarse en una “guerra caliente” con Rusia. Mientras tanto, la UE -junto con Japón- es un aliado económica y políticamente dependiente, que le permite a EE. UU. hablar a la “comunidad internacional”. No existe ninguna circunstancia en la cual desmantelar el orden internacional occidental redunde en beneficio de EE. UU. Una administración verdaderamente a favor de “Estados Unidos primero” nunca desmantelaría gratuitamente un multiplicador esencialmente gratuito del poder estadounidense, como amenaza hacer la política exterior de Trump. También podemos esperar que encuentren la manera de respaldar a Marine Le Pen, líder del Frente Nacional de derecha, en las elecciones presidenciales francesas este año, alentar un “brexit duro” para el Reino Unido, y levantar las sanciones de EE. UU. a Rusia por anexar a Crimea en 2014. Fronteras adentro, los norteamericanos deberían estar preparados para ver cómo despiden a funcionarios que no defienden su agenda, e ignoran las órdenes judiciales que inhiben sus acciones. Tarde o temprano, la política exterior desestabilizadora de Trump conducirá a turbulencia económica, incertidumbre e inversión reducida a nivel global. Internamente, un régimen de derecho debilitado invalidará cualquier potencial beneficio económico de los recortes impositivos y la desregulación. Implementar este proyecto es una estrategia peligrosa para Trump, pero hay dos posibles explicaciones por las que asumiría los riesgos: la división le ha rendido frutos hasta el momento (ganó la nominación republicana y la presidencia); y Bannon quiere tener la sartén política por el mango (a él le interesa más construir un “movimiento” populista permanente que lograr una reelección de Trump). Bannon se ha propuesto que EE. UU. y el mundo sean muy diferentes de como él y su jefe putativo los encontraron.
Project Syndicate
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