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Tensiones sin resolver
Múltiples son las tensiones que aunque conocidas desde hace muchos años, permanecen sin ser resueltas. Un abandono de la gestión del Estado, requerida para solucionarlas, así lo determinó. Cabe insistir en la superación de dicho negligente comportamiento en razón de la buena marcha de los asuntos públicos.
Con ese propósito, recientemente Diario EXPRESO hizo conocer a la opinión nacional el caso de la empresa Río Napo y los conflictos con Venezuela, derivados de su liquidación.
Constituida en 2008, entre Pdvsa (Petróleos de Venezuela) con 30 % de participación y Petroamazonas, tuvo a su cargo la explotación de la joya de la corona petrolera del Ecuador: el campo Río Sacha, el más productivo. Ocho años después, el 2016, dejó de ser rentable y debió entrar en un proceso de liquidación, en razón de la falta de aportaciones venezolanas motivadas por la crisis económica que afecta al gobierno bolivariano.
Ahora, luego de que el Ecuador, por vía de Petroamazonas ha tenido que atender el pago de lo adeudado a múltiples proveedores (más de 117 millones de dólares solo en 2017), sin contar con los respectivos aportes de Pdvsa, esta última reclama más de 383 millones de dólares a su contraparte ecuatoriana, que únicamente reconoce una deuda cercana a los 80 millones de dólares. Una solución, buscando un punto medio, resultaría injusta para Ecuador y se vuelve inaceptable.
Dadas las actuales tensiones que por otras razones están ocurriendo entre el Ecuador y Venezuela, parece imprescindible resolver el conflicto a partir de una mediación, sin olvidar que todavía está pendiente un examen ambiental y concluir el inventario de los bienes adquiridos por Pdvsa, que pasarán a propiedad de Petroamazonas. Solo entonces se tendrá claridad respecto al saldo de cada accionista. Mientras tanto, queda evidenciado que los fantasiosos proyectos concebidos durante la década anterior, tales como la refinería del Pacífico o el de Río Napo aquí comentado, simplemente han servido para fomentar actividades de corrupción en el marco de gigantescos despilfarros y para satisfacer la megalomanía delirante de los gobernantes de entonces.
Bien haría la Contraloría actual del Ecuador en realizar la urgente auditoría de una danza de millones que no se puede dejar pasar por alto, pese a que visibilice más pus.