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Un tema que mendiga solucion

Cuando se apaga la ciudad, cierran los comercios y el tráfico cesa para dar paso a la madrugada, otro Guayaquil surge y se sienta o duerme en las veredas y soportales, a porfía del progreso y bienestar del que se habla desde curules gubernamentales y m

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Cuando se apaga la ciudad, cierran los comercios y el tráfico cesa para dar paso a la madrugada, otro Guayaquil surge y se sienta o duerme en las veredas y soportales, a porfía del progreso y bienestar del que se habla desde curules gubernamentales y municipales. Los adoquines se vuelven colchones y las aceras, compañeras de hombres sin nombre, armados con cartones, que culminan su jornada callejera y se entregan al sueño en medio del frío, de la lluvia y de los metropolitanos que, si están en zonas regeneradas, se aparecen de cuando en cuando para retirarlos de allí.

Esta realidad social, repetida y constante, tratada “a fondo” durante una década por el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES, que tiene la competencia), carece de alianzas firmes entre autoridades municipales y gubernamentales. Los primeros se limitan a retirar de las zonas regeneradas a los indigentes. Los segundos afirman que aunque a veces hay contacto con los inspectores del Municipio, una alianza sería la mejor opción.

Pese a los esfuerzos de ambas entidades, la indigencia es palpable en muchas zonas de Guayaquil después de las diez de la noche. Están en Clemente Ballén y Quito, en Cuenca y Guerrero Martínez, en 4 de Noviembre y Esmeraldas, en Pío Montúfar y Aguirre, en P. Icaza y Córdova, bajo el puente de la Carlos Julio Arosemena y, entre otros muchos lugares, en chozas improvisadas en el cerro de Bellavista o a lo largo de la ribera del estero Salado.

EXPRESO visitó a algunos el jueves pasado en 9 de Octubre y Rumichaca. En esa esquina son más de diez. Se saludan con señas cuando llegan. “Somos todos compañeros de la calle”, dice Manuel Sandoval, de 65 años. Junto a él, su tía Teresita, de 80, tiembla en silencio con un vaso de colada en las manos. “Si vienen a ayudar, dé comida, plata no, muchos son drogadictos acá, quieren para el vicio”, aconseja Sandoval a este equipo periodístico.

Él no pide dinero, dice orgulloso. Con los cuatro dólares que gana a diario del reciclaje le basta para comer y dar de comer a su pariente. Afirma tener casa, pero dice preferir la calle porque “es más cómoda”. Elías Guanaquishpe, de 66 años, a su lado, notablemente más limpio, lo desmiente: “No tienen nada, se lo dice para no quedar mal”, y suelta una carcajada.

Elías solo es mendigo. Tiene casa, pero llega a visitar a sus compañeros todas las noches. Se queda hasta las 23:00. Con las monedas que le regalan come a diario. “Era maestro de construcción, pero ya no hay trabajo. No me queda más”.

En la Dirección de Justicia y Vigilancia del Municipio, Xavier Narváez admite a este Diario que no hay un acuerdo con el MIES para el tema.

De esa entidad, la directora y vocera para este artículo, Divina Arévalo, resalta la necesidad de que exista una concienciación de parte de entidades y ciudadanos. “Todos los casos deben ser derivados al MIES. Es la única forma de ayudar”.

El alcalde Jaime Nebot, por su parte, recuerda que de alguna manera el Cabildo extiende ayuda a través del asilo Sofía Ratinoff. “Es muy lamentable que haya gente en esas condiciones humanas, que no son causadas por el Municipio, sino por la situación del país. Pero dos errores no hacen un acierto. Una ciudad, en su área turística, no puede tolerar la presencia de indigentes. Va en desmedro del resto de los habitantes, de su progreso, de los negocios. Veremos cómo coordinar para que esa gente sea atendida por los organismos competentes”, prometió.

Datos

Limitaciones

La mayoría de indigentes son agresivos y reniegan de la ayuda del MIES, quien solo puede intervenir si el adulto también tiene en calidad de indigencia a menores de edad, explica la técnica zonal de la entidad, Patricia Regalado.

Sin albergues

Excepto del Ratinoff, que es municipal, no hay un albergue para indigentes en Guayaquil. El MIES trabaja directamente con puntos de información y asistencia personalizada con los individuos de este grupo social.

La ayuda

El MIES visita a la familia del indigente, se coordinan derivaciones para asistencia médica, se resuelven problemas de identificación, y, de aplicar, se los enlista para recibir el bono.

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