
Taxistas dieron la mano a los fiesteros
Conductores hicieron carreras gratuitas a borrachitos en Navidad y Año Nuevo. Su intención fue disminuir los accidentes en esta época.
Francisco Auría sabía que en las madrugadas del 25 de diciembre y 1 de enero, sus únicos pasajeros iban a ser personas en estado etílico. El taxista sabía, además, que ninguno le pagaría un centavo.
No obstante, estuvo sonriente, emocionado y puntual a las 00:00 en la vía Perimetral, en la base donde se concentran los taxistas de las cooperativas Atarazana, Sucre y Assad Bucaram, a la que él pertenece.
Mientras su familia festejaba Navidad y Año Nuevo, él estaba allí, esperando la llamada de los borrachitos, los mismos a los que había prometido jamás volver a transportar.
“Fue por una buena causa”, se justifica y ríe. El hombre, de 52 años, fue uno de los 60 taxistas que formaron parte de la campaña ‘Carrerita segura’. Ellos ofrecieron carreras gratuitas a quienes se pasaron de copas y no podían manejar sus propios vehículos.
El objetivo era evitar accidentes de tránsito en las festividades. Pero para Francisco esta iniciativa, avalada por la Agencia Nacional de Tránsito (ATM), va más allá. “Ganamos mucho más, porque servimos a la comunidad y aumentamos el prestigio a los taxis cooperados”, comenta mientras daba palmaditas a su vehículo.
De las 36 llamadas que recibió la ATM para solicitar el servicio el 1 de enero, una le tocó a Francisco. Era un señor en el Guasmo.
Durante el trayecto, rogaba que no le pasara lo mismo de siempre: vómitos o peleas. La fetidez del vómito de borracho es penetrante. Lo sabe a la perfección. Él mismo se recuerda durante horas, agachado, restregando una y otra vez los asientos de su taxi, con el ceño fruncido y los cachetes inflados, aguantando la respiración.
De los 25 años que tiene como taxista, calcula que más de mil pasajeros han devuelto aquella mezcla de comida, licor y jugos gástricos dentro de su vehículo amarillo. Por eso, hace un par de años decidió no transportar a ni un alcoholizado más.
Pero esta vez fue distinto. El pasajero iba tranquilo, sin gritar, balbucear ni escupir y, lo mejor, sin vomitar. Lo dejó en Bellavista. En esa misma ciudadela, su colega Pedro Muñoz también dejó a otro pasajero.
A él, en cambio, le dio orgullo. “Estaba tan mareado. Y andaba con su esposa y dos niños. Me gustó que no intentara conducir su carro. Todos deberían ser así de responsables”, reflexiona.
Al igual que en su caso, el compromiso de todos los conductores era estar disponibles hasta las 04:00 solo para esas carreras. Además de las de Año Nuevo, atendieron a 24 personas en Navidad, detalló Fernando Amador, director de transporte público de la ATM.
Y así lo hicieron. Priscila Chalán, presidenta de la cooperativa Atarazana, también pasó la madrugada en la base. Ella no conduce ningún vehículo, pero estuvo allí para distribuir las carreras.
El punto de concentración de taxis, ubicado atrás de la Universidad del Pacífico, es oscuro y apenas se iluminaba con los faros de los automotores y los juegos pirotécnicos.
“La madrugada del 25, una señora que escuchó sobre la iniciativa nos vino a dejar cena. Fue bonito”, recuerda Priscila, quien anhela que el plan se repita el próximo año.
Aunque sabe que no todos están dispuestos a cambiar sus festejos por ofrecer un servicio gratuito, está feliz de que algunos compañeros accedieran a ser parte de esta primera campaña.
Además de las tres organizaciones que se aglomeran en aquel lugar, también participaron taxistas de las cooperativas Tropicana, Luis Nieto Pico, 2.000, Caballeros del Volante y Taxicol.
Según Francisco, muchos conductores prefieren trabajar durante estas dos noches porque la demanda de vehículos aumenta y ellos duplican sus ingresos. “Pero el dinero lo podemos hacer todos los días, y esta fue una oportunidad para hacer labor social y que Dios nos ayude”, dice satisfecho.