Demasiado tarde para lagrimas

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Demasiado tarde para lagrimas

Brasil tuvo equilibrio entre posesión y recuperación. Sus jugadores estaban preparados para esos dos momentos del juego. Puso tres volantes mixtos igual que Ecuador. En un fútbol de complementos, ningún brasileño se neutralizó. Willian asistió a Paulinho que fue cerebral, medido, indescifrable, anotó el 1-0.

Ecuador no tuvo elaboración de juego. Elaboración significa participación constante de todos en el circuito. Para que Enner tenga más ayuda de compañeros. Ecuador solo intentó defenderse con volantes distantes de los atacantes. El método brasileño fue sacar de zona de influencia al adversario. No dejar que el rival salga cómodo.

Los buenos jugadores están librados a lo que decida su inspiración y habilidad. Neymar desarticuló defensas impenetrables, su rapidez estuvo en su imaginación. Diferencial como lanzador. Golpe de autoridad. Clarificó a un toque. Pausó el partido desde la izquierda. Le dieron margen para el disparo y fue temible. Apenas tuvo la pelota y activó al 9 de área.

Gabriel Jesús fue una caja de truenos. Bajó un balón de cabeza para Coutinho que embocó: 2-0. El extremo fue un golpe al vacío que desconcertó al músculo y humilló al adversario. Willian se desmarcó no a favor del que tenía el balón, sino para ayudar al que lo pretendía. Era la brújula para tocar, recepcionar, desmarcarse y gambetear.

Casemiro estuvo en la maniobra de arranque, en la prolongación y en el final de la jugada. Intuitivo, con la exacta medida del valor de la pelota y de la utilización del claro; graduó la espera y el cruce. Parecía que el balón lo buscaba. Movió la aguja táctica. Tapando el pase hacia adentro fue crack.

Banguera se convirtió en figura excluyente, el último refugio. Ecuador sin brillo, con un entrenador que le dio prioridad al músculo, equipo que corrió mucho y pensó poco.