Tabu

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Tabu

Recuerdo una broma que me jugaron cuando tenía unos 17. Un amigo me dio un casete de VHS (tantos años han pasado) asegurando que era la filmación del último viaje de “surfing”. Ya en casa, emocionado y rodeado de familiares a los que quería mostrarles mi talento deportivo, cuando puse “play” resultó ser una porno.

La historia me viene a la mente porque la película era aquel clásico porno con guión sobre relaciones incestuosas: Tabú.

Los tabúes son conductas proscritas socialmente sobre una justificación puramente moral. Son asuntos que por decisiones de autoridad quedan al margen de las discusiones cotidianas, al margen de las discusiones políticas más importantes, o son activamente cedidos a grupúsculos antisociales para reforzar su proscripción. Para bien y para mal, los tabúes son una garantía para el “statu quo”, por eso con el tiempo algunos se han traducido en leyes. Entender los tabúes es importante para descubrir a quienes buscan marginar de la negociación política y social determinados asuntos importantes. Vemos tabúes agazapados detrás de los conflictos más grandes de nuestra era, de aquellos en los que la negociación pacífica produce escozor: religión, eutanasia, aborto, consumo de ciertas drogas, la compra y venta de objetos considerados ajenos al mercado, algunas prácticas sexuales, entre otros. Los populismos modernos perfeccionan la técnica de construir sus irascibles lealtades con íconos, imágenes, pero también con tabúes. Cuando adoleciendo de razones un hábil político quiere desaparecer un tema de la palestra, empieza por escandalizarse cuando se lo ponen al frente en una entrevista: estamos quizá frente a la formación de un tabú. Con el vil argumento de que los juicios políticos y la exigencia pública de mayor transparencia se prestan para el escándalo, presenciamos muecas de políticos y la típica intentona de escapar del tema. Seguro le temen al fenómeno que Flaubert tan bien describió en aquella obra maestra, Madame Bovary: a los ídolos no hay que tocarlos porque puede perderse la pintura dorada que los adorna.