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La solucion: mas deuda

El anuncio de que el Gobierno ha emitido $2.500 millones más en deuda a diez años pone en evidencia que la estrategia escogida es la salida más sencilla, que, sin embargo, no ofrece solución a la problemática económica, y continúa en el camino ya transitado de abuso del crédito público.

Ecuador ha emitido títulos cuyo costo (8,87 %) se ubica más de doscientos puntos bases por sobre el EMBI (el índice de riesgo país), y acepta pagar, solo por ese diferencial, $50 millones adicionales de intereses por año, o $500 millones por la década de vigencia de los bonos. La cifra citada se duplica si el costeo se lo hace usando lo que en economía se conoce como la “tasa sombra” (esto es, la que el país podría pagar si su crédito fuese comparable con los costos de financiamiento, cuatro por ciento más bajos, incurridos por otros países de la región).

La adicción al gasto es insaciable. En lo que va del presente gobierno ha habido emisiones por $4.500 millones; los $638 millones de financiamiento del FLAR; la operación de swap crediticio del oro por $200 millones; finalmente, los $400 millones que BanEcuador (el antiguo BNF) le entregó al Ministerio de Finanzas, desnaturalizando así su misión, cual es la de atender las necesidades del sector agrícola.

La suma de $5.700 millones en nuevas operaciones crediticias sube el saldo, de obligaciones totales, según las cifras originalmente citadas por el presidente, a alrededor de $65.000 millones, o un monto que representa dos terceras partes del PIB. Esta tendencia sería menos preocupante si los ingresos de capital fuesen compensados con niveles de rentabilidad que permitan mejorar la capacidad de pago y la calificación crediticia del país.

No es el caso. En la década pasada se usaron alrededor de $35.000 millones de ingresos de capital (incluyendo del petróleo) para atender gastos de consumo. Aparte de la violación a la ley, el malgasto público es lo que derivó en el estado de postración económica actual. El país vive con plata ajena, y la tendencia se mantiene porque la mayor presión fiscal continúa generándose desde el gasto corriente: planillas de servicios, pago de intereses, y transferencias.