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El silencio que influye en las encuestas

El fenómeno no es nuevo, pero la intervención mediática lo ha hecho más visible. Los pronósticos de las empresas encuestadoras sobre las preferencias electorales distan, cada vez más, de los resultados finales.

El silencio que influye en las encuestas

El fenómeno no es nuevo, pero la intervención mediática lo ha hecho más visible. Los pronósticos de las empresas encuestadoras sobre las preferencias electorales distan, cada vez más, de los resultados finales.

Sucedió la semana pasada en Estados Unidos: los sondeos de opinión daban como favorita indiscutible a la demócrata Hillary Clinton. Entonces pocos imaginaban que su rival republicano, Donald Trump, se haría con la victoria.

Con el resultado llegaron las dudas. El tema se ha vuelto motivo de un profundo debate en el que se plantean hipótesis que van desde la supuesta manipulación de los sondeos hasta la existencia de un ‘voto vergonzante’ en favor del magnate estadounidense.

Una imagen que, los expertos creen, también se repitió en Colombia en las votaciones de la consulta para ratificar el acuerdo de paz con las FARC; o en Inglaterra, cuando debía decidir la permanencia en la Unión Europea. Los resultados no coincidieron con las encuestas.

A tres meses de las elecciones generales en Ecuador, el debate no pasa desapercibido.

¿Se puede justificar estos ‘errores’ en la supuesta existencia de un voto vergonzante? El consultor político y director de Estratégika Comunicaciones, Gustavo Isch, cree que más que un voto de la vergüenza, se trata de un voto que se vuelve oculto por varias razones y momentos.

Él, sin embargo, no considera que esta sea una variable determinante en los errores de los pronósticos de las empresas encuestadoras.

“Lo más probable es que la falla esté en la parte técnica de la investigación, en la definición del universo y la muestra que se usa y en las preguntas que se formulan. También puede estar en la tabulación de la información”, dijo el experto a EXPRESO.

El término ‘voto vergonzante’ apareció en Ecuador en las presidenciales de 1996 disputadas por el actual alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, y Abdalá Bucaram Ortiz, quien ganó en segunda vuelta rompiendo todo pronóstico.

Las crónicas periodísticas de la época dicen que los sondeos a boca de urna daban un empate técnico con una ligera ventaja para Nebot. Pero en el conteo definitivo hubo una diferencia de más de medio millón de votos (8 %) en favor del líder del extinto Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE).

Blasco Peñaherrera Solah, director de la encuestadora Market, reconoce que puede haber un voto al que llama de ‘temor’ más que de vergüenza. Les sucede a sus encuestadores cuando averiguan, por ejemplo, temas como la imagen o credibilidad del actual Gobierno y encuentran cierta resistencia ciudadana a responder.

¿Cómo superar esta limitante? “El éxito está en la metodología. Lo mejor es hacer encuestas directas en hogares, cara a cara. Con cuestionarios bien elaborados y métodos cruzados para obtener información que pueda ser contrastada”, explicó Peñaherrera.

Pero esa no parece ser la única fórmula. De hecho, Trump promocionaba a través de su cuenta de Twitter encuestas ‘flash’ o algunas hechas vía telefónica, que fueron cuestionadas por sus rivales, pero que le daban la victoria, como finalmente sucedió el 8 de noviembre pasado.

Isch no descarta el rol político que algunas encuestadoras estarían tomando, en todo el mundo, en los últimos años, “consciente o inconscientemente”, para posicionar a ciertas candidaturas.

“En el caso ecuatoriano, con un número tan alto de indecisos, que superan el 50 %, se viene mencionando constantemente a dos binomios. Eso genera en el elector la percepción de que hay candidaturas con mayor opción”, indicó Isch.