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Diario Expreso Ecuador

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Serrano a dos bandas

El presidente de la Asamblea manipuló el procedimiento para aprobar su propia propuesta. Se impuso sin debate.

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José Serrano presentó ayer su gran aporte a la ciencia legislativa: el Parlamento donde no se parlamenta. Rápido en su procedimiento y furioso en su discurso, hizo aprobar su propia propuesta de resolución a favor del enjuiciamiento penal a Jorge Glas en el tiempo récord de una hora, sin permitir el debate ni dar paso a la presentación de otras propuestas. Cinco días de discusiones y acuerdos entre las bancadas de oposición para lograr un texto de resolución que garantizara la supervisión parlamentaria del proceso se fueron por un tubo. La suerte de Glas pasó a manos del fiscal y el Poder Legislativo quedó fuera de juego.

Fue escandaloso. Cada detalle de lo ocurrido ayer puede configurar un manual sobre lo que no debe ser una Asamblea: la aprobación de una resolución sin debate; la monopolización de la palabra por una persona; el intento de represión policial a una legisladora que se expresaba libre y pacíficamente; los gritos, el desorden, la trifulca...

La sesión arrancó a las 15:12 con un incidente inaudito: la asambleísta Mae Montaño, que portaba un cartel con una caricatura de Bonil en la que se veía a los implicados en el caso Refinería Esmeraldas (Glas, Capaya y Bravo), fue abordada por cuatro uniformados con la orden de quitárselo. Ella se resistió. Los policías insistieron. La propia jefa de la escolta, coronel Margarita Pereira, se hizo presente para reprimir a la legisladora. Alboroto de voces indignadas en la bancada de CREO. Forcejeos. Firmeza de Montaño. Finalmente prevaleció su derecho y ella conservó el cartel.

La idea de que un legislador está prohibido de expresarse con libertad en el seno del Parlamento es consecuente con aquella otra de que solamente el presidente de la Asamblea tiene derecho a la palabra. Así ocurrió ayer. Serrano encargó la presidencia a Viviana Bonilla y, aunque tenía diez minutos para hablar, se excedió hasta los 18, entre los gritos de protesta de la oposición.

Más gritó Serrano. Su discurso fue un compendio de lo peor de las sabatinas con lo más falso de las rendiciones de cuentas de los últimos diez años. No dijo una palabra de Odebrecht o Glas. Habló sobre los logros de la revolución ciudadana, especialmente en la lucha contra la corrupción. Vociferante, pendenciero, belicoso, provocó a la oposición con balandronadas de esquina: “¡Nerviositos están, nerviositos están porque se acaba el show!” Todo a los gritos.

En sus últimos 15 segundos presentó su propuesta de resolución, pidió votación inmediata y se reintegró a la presidencia. La secretaria no perdió tiempo. Y ardió Troya.

En masa se lanzaron los de oposición al estrado presidencial. Fueron detenidos, cómo no, por los policías. “Debate, debate”, exigían a gritos. “Votación, votación”, respondían los correístas. Se votó. La oposición no tuvo más remedio que dar el Sí. La propuesta de Serrano fue aprobada por unanimidad. La que había presentado con anticipación Luis Fernando Torres quedó, intocada, en el basurero. Fin de la sesión. Eran las 16:18.

A la salida, rueda de prensa oficialista improvisada en el vestíbulo. “¿Por qué no dio paso al debate?”, preguntaron a quemarropa a José Serrano. Para no “interpelar al vicepresidente”, respondió sin sonrojarse. Es decir, para no oír lo que no querían. Al fin y al cabo esto es un parlamento. ¿Quién quiere oír? El hombre que trajo a Capaya para hundir a Jorge Glas, hoy maniobra para mantenerlo a salvo. Serrano, siempre, a dos bandas.

La tanga del presidente

José Serrano se expresa con dificultad y dislexia, a martillazos y alterando el orden de las sílabas. Su plancha más vistosa tuvo que ver con un plato típico manabita y una indumentaria playera. “A todos aquellos que dicen que esto es un tongo -dijo-, mejor vayan a Manabí y cómanse una tanga”. Obviamente, quiso decir tonga. ¿En qué estaría pensando?

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