Semejanzas

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Constantemente hemos comentado del viejo, eficaz y perverso martilleo publicitario de los movimientos comunistoides y populistas. Lo sistematizó el nazismo y lo superaron luego el socialismo marxista-leninista, el socialismo de Stalin, el de Castro, de Chávez, de Lula, de los Kirchner, de Maduro y de Correa, entre otros, combinando artificiosamente ideología con populismo hasta llegar al poder, sin afectarles los negativos resultados para sus respectivas sociedades. Sus líderes demostraron ser pertinaces políticos impulsando causas falaces que fueron ganando poco a poco su repudio. La visita de Jorge Lanata, ganador del premio “Martín Fierro” otorgado anualmente en Argentina a la excelencia de programas televisivos, reforzó nuestro rechazo a la autodenominada revolución ciudadana. Lanata no ha cesado de condenar las mentiras y corruptelas de un populismo que se cree dueño de la verdad y del Estado; que se cree el Estado mismo, “pensando al mundo” a su manera, odiando la libertad individual por creer que genera burgueses y cayendo en fanatismo sectario y dogmático. Lanata puso énfasis en la similitud de los gobiernos populistas latinoamericanos y es un campeón de la frontalidad - brutal a veces - matizada con inesperadas procacidades que terminan aceptándose. Nos narró que el kirchnerismo -al igual que el correísmo- bautizó a su gobierno como una “década ganada”, cuando en verdad habría sido “la década más corrupta en la historia argentina”. Las similitudes brotaron solas e insultantes en los gobiernos populistas y la semejanza se comprueba hasta en sus fracasos:

1).Montan escenografías reivindicadoras en las que “los pobres son buenos por ser pobres y los ricos son malos por ser ricos”.

2). Convierten al Estado en garante de la impunidad y ésta, por definición, encubre la corrupción, ignorándola o minimizándola.

3) Declaran corrupta y en permanente complot a la prensa independiente, reemplazándola con la que Lanata definió como “estupidez del periodismo militante”.

4) Lograron que la Justicia funcione “amañada” al servicio del clientelismo gubernamental. Por eso la corrupción se disparó y el nuevo régimen argentino contabiliza 745 causas contra el gabinete de Cristina, de las cuales 245 son exclusivas de ella, procesada penalmente en algunas por corrupción. ¡Calumnia!, ¡Calumnias de la partidocracia! vociferaron sus seguidores ecuatorianos; mas, resulta difícil creer que ¡todas las 245 acusaciones sean calumniosas! La causticidad de Lanata fue evidente al preguntarse si “fueron ésos los valores exaltados por Ecuador para condecorarla”. ¡Vergonzoso! Y sugestivo, además, porque podría contener la explicación de la paralela conducta oficial ecuatoriana.

Lanata mostró un espejo de lo que ha acontecido con los gobiernos populistas. En Ecuador, proliferan saludablemente las voces que denuncian los actos de corrupción, mientras el gobierno se asombra de las descubiertas redes de corrupción sin preguntarse por qué viejos servidores con trayectoria impecable caen en corrupción al incorporarse al equipo correísta. O por qué un gobierno que insiste en tener las manos limpias y odiar sin reservas el dinero mal habido, ha tenido servidores que sucumbieron al poderoso aroma del dinero.

Bien dijo Lanata, a su regreso a Argentina, que visitarnos fue como “hacer un viaje al kirchnerismo”.