El sector floricola reflorecera dentro de uno a cuatro meses

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El sector floricola reflorecera dentro de uno a cuatro meses

El gremio registra pérdidas cercanas a los 40 millones de dólares por el paro. Empresarios optan por pedir préstamos.

Desecho. Los trabajadores limpian la tierra y apilan el producto malogrado, para luego desecharlo. Los empresarios cuentan miles de dólares en pérdidas.

El paro los marchitó y ahora quieren reflorecer. El sector florícola cuenta sus pérdidas por los 11 días de paro, con énfasis en las fincas que fueron invadidas por manifestantes indígenas e infiltrados, asegura.

Juan Pablo Torres, de Agrinag, calcula en 400.000 dólares las pérdidas por 1,2 millones de tallos de rosas que no pudieron ser exportadas y otras que no fueron cosechadas. Esto sin contar los daños a bienes muebles e inmuebles y a la desconfianza que ahora surge en sus clientes, que tuvieron que buscar el producto en Colombia. “Venían a aterrorizar.

Causar miedo. Pedían que se unan al paro. Que no trabajen. Se les explicaba que cada día que pasaba teníamos pérdidas, no solo la empresa sino los trabajadores, pero no entendían. Querían cerrarnos. Hubo daños a vehículos. Nos rompieron los parabrisas, pincharon las llantas”, relata.

Álvaro Espinosa, gerente de Agroganadera Espinosa, registra una pérdida de 700.000 rosas y otras 200.000 flores, que equivalen a 300.000 dólares. Asegura que el paro lo dejó con un hueco en su presupuesto que le impide pagar sueldos, honrar los compromisos con sus proveedores e incluso “nos compromete mucho el futuro”. “Tenemos que acudir a un banco para poder salir de este problema. Quisiéramos que el Gobierno, a través de Banecuador, nos ayude con un crédito. En 21 años nunca habíamos parado las ventas”.

Alejandro Martínez, presidente de la Asociación de Productores y Exportadores de Flores (Expoflores), registra en aproximadamente 40 millones de dólares las pérdidas por 11.000 toneladas que se dejaron de cosechar o no se exportaron durante la paralización. “Nos tomará en algunos casos un mes, en otros hasta cuatro meses, recuperar la dinámica que teníamos hasta antes de la paralización”.

Según el gremio, 40 fincas fueron asaltadas durante los 11 días de la paralización, entre las que se encuentran las de Espinosa y Torres. Dos trabajadores, bajo el resguardo de sus identidades, relataron lo que vivieron durante el asalto de sus lugares de trabajo y en los días posteriores. “El sábado paró en la puerta un camión con indígenas y treparon la alambrada. Yo corrí y se me cayó la radio. A lo que intenté recogerla me agarraron y uno me dio con un palo en la espalda y le dijo a otro que me pegue. Nos preguntaban por qué no apoyábamos el paro y por qué estábamos trabajando. Había unos 50 o 60 trabajadores... Tengo 16 años laborando en el lugar y nunca ha pasado eso”, narra un empleado de una florícola.

Un criterio similar tiene otra trabajadora. “Tengo 15 años laborando en esta finca. En este tiempo nunca había visto este tipo de comportamiento. Es la primera vez”, cuenta y añade que ahora teme que las pérdidas registradas en sus sitios de trabajo comprometan el pago de su sueldo y el de sus compañeros. “Cuando regresé sentí bastante tristeza porque es el trabajo de meses, al ver tanta pérdida en cuestión de segundo. Pensamos qué pasará con nuestro sueldos, si nos pagarán o no. Y hasta ahora pensamos si nos van a pagar el sueldo completo o no. Sabemos que no es la culpa del dueño”.

Torres considera que, más allá de quiénes estuvieran de acuerdo o no con el paro, la forma en la que quisieron buscar adeptos no fue la adecuada. “Se violentó el derecho al trabajo, a ser libres”. También cuenta que muchos de sus empleados tuvieron que salir huyendo y uno quedó en estado de shock porque fue amenazado con una varilla en su rostro.

Espinosa también relata que algunos de sus empleados fueron obligados a subir a camiones y, según le comentaron, fueron llevados a Quito. “Eso los asustó a todos”. Este empresario no dejará que el hecho quede en el amargo episodio. Pondrá una denuncia en la Fiscalía en contra de las pocas personas a las que pudieron identificar, porque “muchos entraron encapuchados”.

Y más allá de la mala experiencia, el sector quiere recuperar el ritmo y la confianza de sus clientes, acota Martínez, quien está seguro de que los envíos irán incrementándose de a poco.