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Salir de la pobreza

las denuncias de corrupción que en los últimos meses salpicaron a la revolución ciudadana, pasaron momentánea (todavía no se conocía el “caso Odebrectht”) y “convenientemente” a un segundo plano, gracias a la confrontación del Gobierno con la nacionalidad Sarayaku, a consecuencia de la minería a ser desarrollada por una empresa china, en territorios que dicha nacionalidad indígena reclama como “ancestrales”.

Nos preguntamos: ¿y los derechos de los pueblos ancestrales y los de la naturaleza reconocidos a la Pachamama en la Constitución? Al parecer el reconocimiento cabe siempre que sobre dichas tierras no tenga interés económico alguno el Estado; siempre y cuando pertenezcan a terceros. Ejemplo lo constituye la comuna de Olón, en la cual no existen recursos naturales y donde se les reconocieron derechos ancestrales a los comuneros, afectando la propiedad de unos “peluconcitos”. Distinto es el caso de los territorios sarayaku, donde hay recursos minerales comprometidos con nuestro mayor acreedor; de ahí que el derecho ancestral pareciera ser meramente declarativo.

Salir de la pobreza se ha convertido en el condicionante para el reconocimiento o no de los derechos de la naturaleza, o de los derechos ancestrales. Así lo argumentó el Gobierno al despojarse de la vestidura ecológica, aferrándose al timón del extractivismo, al autorizar la explotación petrolera en el Yasuní.

Me pregunto, ¿los ecuatorianos salimos de la pobreza con la explotación del Yasuní? De la pobreza salieron unos cuantos empadronados en los papeles de Panamá o en cuentas bancarias de la China, aquellos fugados por los techos con su “ganancia” oculta en el cielo raso o en copiadoras; mientras que al pueblo le endosaron las deudas, la iliquidez. Como dice el hombre de a pie: al pueblo “le entucaron la chirez”.

En la época de la confrontación por el Yasuní llevaron la peor parte los tagaeris y taromenane, pueblos ancestrales no contactados, cuyos derechos fueron reconocidos por la comunidad internacional y vulnerados por el poder nacional. Ahora le tocó a los sarayaku. Veamos esta vez ¿a quiénes les toca salir de la pobreza?

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