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Diario Expreso Ecuador

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En Salinas de Imbabura festejan a la diosa Yemaya

En un rito de origen africano, homenajearon a la deidad protectora de las aguas. La cultura ancestral de la etnia sigue viva en Santa Catalina de Salinas.

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El ritmo de la música bomba y la marimba marcan el inicio de la ceremonia a la diosa Yemayá, en la parroquia rural Santa Catalina de Salinas, al norte de Ibarra, provincia de Imbabura.

La maestra de ceremonias, Sindy Tapia, empieza el rito de raíces africanas. Ella danza de un lado a otro. Mueve sus pies y manos suavemente como las olas del mar. Detrás bailan diez jóvenes mujeres. Se las conoce como las Hijas de Yemayá, una deidad africana protectora de las aguas saladas del mar.

Una de ellas es Jazmín Noboa, de 18 años, quien lleva una vela blanca que simboliza la luz que alumbra los caminos. La ceremonia se realiza en honor a la mencionada Yemayá. Las hijas de la diosa visten un traje típico africano de color azul (turbante y blusón). Las bailarinas se ubican en filas, cinco por la izquierda y cinco por la derecha, e invocan a la deidad Elegua, dueño de los caminos y quien abre o cierra los destinos de la vida o prosperidad. Le piden abrirlos e inician el ritual.

Tapia pide permiso para transmitir el conocimiento que existe dentro de la sabiduría ancestral. Se dirigen hasta el centro del parque de Los Rituales, donde está la conchita amorosa, lugar donde los abuelos y padres salinenses se congregaban.

Con la tulpa encendida cocinaban y compartían en unión familiar. Todo está adornado con pétalos de flores. La maestra de ceremonias invoca a sus ancestros pidiéndole que bendiga las festividades por los 193 años de parroquialización civil y 131 años de parroquialización eclesiástica, para que todo salga bien.

Las hijas de Yemayá se colocan en círculo y danzan hasta el final de la ceremonia. Llevan parte de los recursos naturales que tiene Salinas. En la ceremonia se hace una conexión directa con los ancestros, por lo que de acuerdo con Tapia pocos son elegidos para practicarla.

Allí también se bendice la ropa africana para la reina de Salinas, Karen Espinosa, y su corte de honor, con mensajes de sabiduría, fuerza y paz. Para Tapia, el pueblo afrosalinense se caracteriza por ser alegre y estar conectado con todos los espacios de la naturaleza.

Para los habitantes de Santa Catalina de Salinas, su cultura africana está viva y trata de recuperarse con estas actividades. Sin embargo, no se olvidan de que existe un Creador, que es Dios. Ellos unifican con respeto espiritual católico su creencia ancestral.

Luego del ritual se desarrolló la misa afro. Zaida Lastra, catequista de la parroquia, cuenta que esta misa es diferente y se caracteriza por ser una expresión cultural donde hay danza.

Varias chicas que portaban carteles con palabras como “envidia” o “mentira” tenían sus manos encadenadas. Esto último significa que los negros fueron esclavizados. Dichos carteles fueron quemados para que esos males dejen de existir en la sociedad.

Todo fue acompañado de canciones que interpretaba el grupo Libertad Afro.

(F)

Un legado

Salinas, tierra de sal y agua

En Salinas, los comuneros consideran que primero fue la tierra, porque de ella salen sus alimentos y es el símbolo de trabajo de sus padres y madres.

Sigue la sal, que es el legado de los primeros esclavos que habitaron allí. Después el agua, que es parte de la sabiduría de la vida. Y posteriormente viene el algodón.

Sindy Tapia explica que a este último cultivo se dedicaban a trabajar los negros esclavos traídos desde África que se asentaron en el Valle del Chota, entre las provincias de Imbabura y Carchi.

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