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La Rusia de los sudamericanos

Las calles de las principales sedes lucen con los colores de los elencos latinos y sorprende la ausencia de fanáticos europeos

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Que Vladimir Putin no es amigo de la Unión Europea, lo sabíamos. Que en su Mundial apenas haya aficionados europeos, aún así, sorprende. Las calles de Moscú, Kazán o San Petersburgo, tres de las once ciudades que acogen esta cita internacional, están plagadas de latinoamericanos y encontrar europeos es un ejercicio similar a buscar a Wally.

Si se mira con detenimiento, en detalle, se puede ver alguna camiseta francesa, española o inglesa, aunque muchas las porten asiáticos enamorados de Griezmann, Iniesta o Kane.

“Decepciona; nos ganan en todos los estadios”, admite con resignación Guillome, un aficionado francés que arribó a Rusia para seguir por primera vez a su selección en una copa mundial. Esa es la sensación general. Ayer, en Kazán, donde los galos medían a Argentina, la tónica era la misma. Miles de argentinos, y franceses desperdigados buscando con la mirada compatriotas con los que animar la mañana.

“No sé la razón, pero fue complicado encontrar entradas. Quizá la Federación (francesa) no pidió muchas, quizá no les dieron... Pero la realidad es que esto es una lástima”. Son las palabras de Benoit, parisino y quien disfrutó con la Euro 2016, pero no encuentra explicación. Quizá esta la tenga François. Historiador marsellés de 32 años, con un hermano residiendo en Moscú desde hace cinco, presume de conocer las razones. “Cualquiera lo sabe”, inicia, antes de detener su discurso para apurar un cigarrillo en las afueras de la estación de tren de Kazán. Lo bota al suelo, lo pisa y continúa.

“Hay una guerra mediática. A los ingleses les vendieron que esto era peligroso, a los franceses nos acorralaron con los atentados... Y la verdad es que Rusia no es un buen sitio, pero las sedes están maquilladas para el Mundial, te regalan trenes, te decoran las calles... Pero si te vas a 100 kilómetros verás la pobreza de trabajadores que cobran 200 dólares al mes”, explica convencido de su discurso.

François cree que “como en todos los regímenes totalitarios”, a los turistas se les recibe bien “para tener otra imagen”. Pero en su opinión pesó más la información ofrecida en los años previos a la cita.

Contrasta, en cambio, el recibimiento a los hinchas, que ha sido “el mejor”. La totalidad de los aficionados consulados afirman haberse sorprendido por la amable acogida y describen a los ciudadanos como “calurosos, al igual que el clima”, como dice Pierre, un joven parisino que llegó para el partido ante Dinamarca junto a tres amigos.

“Cuando vinimos todos dijimos es Rusia, pon atención. Además, las historias de la visa al principio no ayudaban y complicaban, pero hoy le diría a cualquiera que venga porque es un Mundial muy tranquilo”, explica Damien.

Y es que Rusia sorprende. Alejada de la imagen soviética, fría y oscura que pueda reflejar al mundo, los últimos años han modernizado las grandes urbes. La plaza roja, donde se lucen a Lenin y Stalin en tumbas, está rodeada de comercio americano, junto al centro comercial de lujo Dum.

Kazán, cosmopolita y ejemplo de integración por la convivencia de varias religiones, y San Petersburgo, la ciudad más turística del país completan el mapa. Solo las sedes más pequeñas, como Saranks, una ciudad de 300.000 habitantes, mantiene aún el ‘aroma’ de la Unión Soviética. Su gente, en cambio, se muestra encantada por recibir a miles de ciudadanos del mundo y disfrutan de la fiesta “como una oportunidad única en nuestras vidas”, como decía Nina, una joven de 32 años residente en Nizhny Novogorod, otra ciudad poco acostumbrada al turismo.

Mientras, el Mundial va cumpliendo días sin presencia europea. El buen hacer de España o Inglaterra podría llamar a fanáticos de estos países para las rondas finales, lo que pondría mayor colorido al torneo y, quizá, acabaría con varios mitos que han quedado atrás para muchos de los visitantes.

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