Gloria Chiliquinga revisa y sahúma los granos y las plantas antes del ritual. Todo debe ser de buena calidad para tener buenas cosechas por la Pachamama.

Un rito milenario se celebro en Ambato

Los olores de los frutos maduros se confundían con el de las plantas medicinales con las cuales se decoraba parte de la calle principal. Se hizo la actividad que fue dirigida por los comerciantes indígenas, pero que involucró a los mestizos.

Al inicio de la ceremonia colocaron las hierbas y cada uno de los productos con respeto. Lo hicieron en forma de cuadros, donde resaltaban los productos de Sierra y Costa.

Los comerciantes de la Plaza Primero de Mayo organizaron la actividad ancestral. Gloria Chiliquinga, mama yachak o sabia, fue una de las encargadas de dirigir la ceremonia.

Los olores de los frutos maduros se confundían con el de las plantas medicinales con las cuales se decoraba parte de la calle principal. Se hizo la actividad que fue dirigida por los comerciantes indígenas, pero que involucró a los mestizos.

Existen más de 200 comerciantes que ocupan dentro y fuera la plaza, la mayoría son indígenas.

Gloria Chiliquinga, oriunda de Salasaka, resaltó que en toda actividad siempre se agradece a la Madre Tierra por la generosidad que brinda por la vida.

Se hizo una mesa gigante donde se colocaron los productos cocidos y en el centro de la calle Primero de Mayo se agradeció a la Pachamama y al Taita Inti.

Se ofertó la mejor de la producción. Ocas, mellocos, rábanos, choclos, sandías, piñas, tomates, coliflor y otros productos agrícolas decoraron el lugar destinado para el ritual de agradecimiento. Toda el área fue decorada por plantas de sábila y pétalos de rosas que son para atraer nuevas energías.

La ceremonia se realizó el último viernes de junio y se invitó a las principales autoridades de la ciudad, entre ellas al alcalde Luis Amoroso. “La pampa mesa es un sinónimo de agradecimiento por todo lo que provee la Pachamama y además representa un ritual ancestral que genera respeto y admiración”, expresó la autoridad.

Los comerciantes colaboraron en todo momento. Para María Tixe, oriunda de Quisapincha, esa actividad se debe realizar siempre. “La tierra es generosa con todos nosotros y no agradecemos. Una forma de agradecer es no utilizar productos químicos por la contaminación que se genera”, mencionó.

En una mesa de 20 metros de largo se colocaron los productos frescos cosechados por los productores que también son comerciantes.

El queso y el ají se ubicaron en piedras de moler y la chicha en vasijas de barro. Mientras que los mellocos, fréjol, ocas, mashua, papas, habas, choclo, chochos, maíz, mote y otros se colocaron sobre la mesa que fue compartida por decenas de personas que acudieron a la ceremonia.

Marcela Bone estuvo con sus dos hijos. Asegura que tiene mucha admiración por las actividades del sector indígena. “Ellos tienen respeto por todo lo que nos da vida y es una enseñanza para todos. Nunca he compartido en una mesa comunitaria y este es un lazo de unión”, dijo.

La fiesta ancestral se completó con bailes y danzas a cargo de grupos folclóricos alrededor del altar. El historiador Víctor Hugo Navas manifestó que para el sector andino el año tiene 13 meses; 12 que son dedicados al trabajo y uno que es para la cosecha.

Ese mes es junio, que se lo celebra con fiesta y agradecimiento por los alimentos, sostiene.

“Pampa mesa “en español significa comida comunitaria. Es una costumbre ancestral que se realiza en el sector andino, es un tipo de pícnic, donde cada miembro de la comunidad comparte lo que produce.

Todo lo recolectado se coloca sobre una chalina, manta o algún mantel. Gloria Chiliquinga, mama yachak de Salasaka, explica que esa forma de compartir une a los pueblos. Esta actividad la hacen desde el tiempo de los abuelos y la realizan en mingas o fiestas.

Los que degustan de la comida comunitaria se juntan alrededor de la mesa y no dejan lugares vacíos. Con este ritual se busca la equidad y la igualdad entre todos”, sostuvo Chiliquinga. (F)