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Los revolucionarios
En los últimos años, los gobiernos socialistas del siglo XXI, autoproclamados “revolucionarios de izquierda”, han sido desenmascarados en su alto índice de incapacidad para administrar la cosa pública, así como por los elevados índices de corrupción e impunidad logrados gracias al desmantelamiento de la institucionalidad de los partidos y movimientos políticos, y también por la eliminación de la autonomía de aquellas instituciones llamadas a generar los contrapesos del poder.
En Argentina, Brasil y Venezuela, los revolucionarios no solo que perdieron el respaldo popular, sino que fueron castigados en las urnas, para luego ser fiscalizados y juzgados por actos de corrupción y por abuso de poder. Este proceso de recuperación de la democracia ya arrancó en Venezuela. Esperamos que Ecuador no sea la excepción y que en el 2017, con nuevo gobierno, se estrene una verdadera fiscalización y se rompan los grilletes de la justicia secuestrada por la política.
Los revolucionarios culpan de todos los males presentes al feriado bancario de hace 17 años. Paradójicamente, luego de 10 años en el poder, los revolucionarios han vaciado los bolsillos de los ecuatorianos a punta de impuestos, mientras que los de ellos se llenaban como por arte de magia. El milagro económico ecuatoriano es una realidad para algunos que disfrutaron y/o disfrutan de las mieles del poder.
Los revolucionarios también autoproclamados progresistas, crearon una Constitución garantista de los derechos de las personas, pero se convirtieron en represores de tales derechos, sumergiendo al Ecuador en el retraso. Se proclamaron Gobierno de los trabajadores y resultaron ser Gobierno de los desempleados. Multiplicaron el gasto público, dividieron a la sociedad, restaron recursos al sector privado y redujeron a la mínima expresión la inversión nacional y extranjera.
Charlatanes internacionales, represores nacionales, generosos con el dinero de terceros y celosos con el propio. Creadores de pobreza, dilapidadores de la riqueza de otros. Todo esto resultaron ser los “revolucionarios”.
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