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Revolucion sanitaria en Medio Oriente

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En una visita reciente a Jordania y Egipto, como parte de una misión comercial liderada por el Departamento de Comercio de EE. UU., quedé asombrado por el potencial de la región circundante para convertirse en un importante centro de innovación médica. Con una adecuada combinación de medidas y la suficiente voluntad política, Medio Oriente puede llegar a ser parte importante del mundo para la investigación médica. En particular para los ensayos clínicos farmacológicos que investigan cómo influye la región de origen de los pacientes en la seguridad, eficacia y efectividad de los tratamientos. Cuanto más comprendemos la genética, más evidente es la influencia de nuestros orígenes ancestrales en la eficacia de ciertas medicinas. Por ejemplo, hay estudios que demuestran que los pacientes de ascendencia europea responden mejor a los betabloqueantes e inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina que los afrodescendientes. Y el continente de origen suele tenerse en cuenta al seleccionar la terapia farmacológica antihipertensiva y cardiovascular óptima. Otro ejemplo es la warfarina, un anticoagulante. Los investigadores han hallado que los pacientes de ascendencia africana necesitan dosis mayores que los de origen europeo, mientras que los asiáticos necesitan menos. Los estudios del tacrolimus, un fármaco usado para prevenir el rechazo de órganos en pacientes trasplantados, indican que los afroamericanos necesitan dosis mayores que sus pares de raza blanca. La investigación genética también amplió nuestra comprensión de las enfermedades. Por ejemplo, un estudio de la Agencia de EE. UU. para el Desarrollo Internacional (Usaid) halló que la firma genética de la epidermólisis ampollosa, un trastorno de la piel hereditario e incapacitante, es diferente en los pacientes de Medio Oriente que en otras partes del mundo. Cuanto más comprendemos las enfermedades, más necesitamos investigar la efectividad de los nuevos fármacos de avanzada en poblaciones específicas del mundo. En algunas regiones ya se ha comenzado a trabajar en tal sentido. En Asia, la Organización Genoma Humano lanzó una Iniciativa Genómica de la Población Panasiática con el objetivo de estudiar la diversidad genética y las variaciones en la respuesta a fármacos en la región. En México, el Instituto de Medicina Genómica está secuenciando el genotipo de toda la población del país. Para iniciar un trabajo similar en Medio Oriente se necesita la colaboración de empresas farmacéuticas, instituciones académicas, organizaciones sin fines de lucro, gobiernos y proveedores de atención médica. Organismos como Usaid y el Centro Naval de Investigación Médica de EE. UU. que ya desarrollan investigaciones clínicas en la región, pueden convertirse en valiosos socios para coordinación y administración de los ensayos. El primer paso que puede dar Medio Oriente es compatibilizar las normativas de la región; los países deben acordar parámetros comunes para pruebas de seguridad y eficacia de fármacos en poblaciones locales. La actividad clínica en la región es cada vez mayor, y el ecosistema sanitario del que dependen las investigaciones crece en tamaño y complejidad. Aunque las aprobaciones deben darse en el nivel nacional, se necesita un liderazgo regional. Jordania, por ejemplo, cuenta con un sofisticado sistema sanitario y una próspera industria de turismo médico. También es sede de cada vez más ensayos clínicos. Todo ello la habilita a dar la pauta en las investigaciones necesarias para demostrar la seguridad y eficacia de los fármacos en pacientes con orígenes en Medio Oriente.

Project Syndicate

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