Por una revolucion en la construccion

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Por una revolucion en la construccion

Por una revolución en la construcción

La productividad de la industria mundial de la construcción lleva veinte años creciendo a un ritmo anual de apenas 1 %. Es hora de que la industria ingrese al siglo XXI, para poder satisfacer la mayor demanda de estructuras nuevas y resolver los crecientes faltantes de viviendas e infraestructuras en el mundo. La lentitud de los cambios en esta industria la diferencia de otros sectores como la agricultura y la producción fabril, cuya productividad se ha ido transformando con el tiempo. Entre 1947 y 2010, la productividad fabril estadounidense alcanzó un 760 % de crecimiento acumulado en términos reales (descontando la inflación), contra apenas 6 % en el caso de la construcción, que conoce hace mucho sus falencias pero hasta ahora le faltó voluntad de hacer algo al respecto. Dados los apremiantes faltantes de viviendas e infraestructuras en todo el mundo, esto se ha tornado insostenible. Aunque en muchas economías avanzadas la urbanización se está amesetando, en los países emergentes no se detendrá. Incluso en una economía avanzada como EE. UU., más del 40 % de la población de California no puede acceder a una vivienda digna a los precios del mercado. La demanda creciente de estructuras ofrece una enorme oportunidad de redefinir el sector de la construcción y crear valor por medio de una acción concertada. Según una investigación del McKinsey Global Institute, la industria puede aumentar la productividad hasta un 60 % haciendo cambios en siete áreas clave: regulación, procesos de diseño, contratación, compras y gestión de cadenas de suministro, ejecución “in situ”, uso de nuevas tecnologías, materiales y automatización avanzada; y capacitación del personal. Un aumento del 60 % en la productividad generaría 1,6 billones de dólares más de producción anual (más o menos el equivalente a toda la economía de Canadá) y sumaría un 2 % al PIB global. Estos avances (de los que más de un tercio puede lograrse en EE. UU.) bastarían para satisfacer la mitad de la necesidad mundial actual de infraestructuras. La construcción de viviendas económicas a gran escala puede eliminar muchas de las principales causas de baja productividad mediante la adopción de un sistema de producción en masa al estilo fabril, que implicaría más estandarización, modularización y prefabricación. En ese sistema, la mayoría de las estructuras se construirían en fábricas. Pero para que la industria de la construcción tenga una chance de reinventarse, tras decenios de escaso crecimiento de la productividad, se necesita una modificación de los incentivos económicos. El aumento de la demanda de nuevas construcciones puede ser señal de que la industria comienza a moverse. Las autoridades están empezando a analizar seriamente cuestiones referidas a costos y escalas. Dentro de la industria, grandes empresas muy asertivas, entre ellas muchas de China, comienzan a probarse en la escena global. Tienen capital para invertir en metodologías para la mejora de la eficiencia y nuevos sistemas de producción, y emplean tecnologías cada vez más accesibles (por ejemplo, herramientas digitales, robótica avanzada o materiales nuevos) que les permiten llevar esa eficiencia al extremo. Muchos líderes de la industria por fin reconocen la necesidad de cambios y expresan voluntad de introducirlos. Saben que si no se preparan para la inminente disrupción del sector y reformulan sus operaciones, pueden quedar rezagados en lo que tal vez sea la próxima revolución mundial de la productividad.