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La revancha del río Coca

Tras el colapso de la cascada San Rafael, un proceso de erosión avanzó 3,5 km en cinco meses. Hay un poblado, una carretera y una represa en riesgo.

Río Coca-Erosión Regresiva_2020
La imagen facilitada por el Ing. Jorge Sevilla muestra cómo la erosión regresiva del río Coca va formando un cañón ancho y profundo que amenaza a la vía paralela.Cortesía

La majestuosa cascada de San Rafael, con más de 150 metros de altura, fue uno de los atractivos naturales incluidos en la campaña gubernamental ‘All You Needs Is Ecuador’, que en 2014 el país presentó en 19 ciudades del mundo. El gigantesco salto de agua, ubicado en el río Coca, en las faldas del volcán Reventador y en el límite entre las provincias de Napo y Sucumbíos, desapareció el pasado 2 de febrero, como resultado de un proceso de erosión que ya había sido advertido por geólogos al menos desde 1985.

Como si fuera poco, el colapso de la cascada desencadenó un proceso de ‘erosión regresiva’: inicialmente, el salto de agua se movió una decena de metros más atrás (aguas arriba) y así ha continuado retrocediendo mientras el Coca busca compensar la diferencia de altura de su cauce. El resultado es un avance agresivo de 3,5 kilómetros en cinco meses que va devorando las riberas y formando un amplio cañón.

Entre geólogos y estudiosos del tema hay el criterio común de que ese proceso solo se detendrá si el río encuentra un ‘knickpoint’, un punto sólido donde la tierra ya no ceda y este material (quizás antigua lava arrojada por el volcán) actúe como soporte. Apuntan a que ese lugar esté en la confluencia con el río Malo, a diez kilómetros de donde estaba San Rafael.

De otra forma, el proceso seguirá avanzando, lo que pone en riesgo a comunidades y obras asentadas en los márgenes -como la comunidad de Manuel Galindo, ubicada a seis kilómetros, o la vía E-45, que tiene tramos paralelos al río-, o en su propio cauce, como la presa de captación de agua de la central Coca Codo Sinclair.

En lo que discrepan es, justamente, en la incidencia que tuvo o no esta hidroeléctrica en la desaparición de San Rafael.

El ingeniero en Geotécnica por la Universidad Libre de Bruselas, Jorge Sevilla Mera, recuerda que en 1985 ya había advertido el futuro colapaso de San Rafael, tras observar lo que había pasado con Agoyán.

Consultado por EXPRESO, el también exvicepresidente de la Asociación Internacional de Ingeniería Geológica y Medio Ambiente reitera que se trató de un fenómeno natural que de todos modos iba a producirse.

En este enlace, vea una presentación académica de Jorge Sevilla en que expone su tesis.

Afirma que la cascada desapareció por la erosión subterránea de los sedimentos ubicados debajo del muro de lava. Entre varias evidencias, muestra imágenes donde ya se apreciaban ojos de agua en una caverna situada debajo de la cascada en 2006. La central se construyó entre 2010 y 2016.

En cambio, Emilio Cobo, magíster en Ciencias Ambientales, quien ha publicado varios artículos científicos sobre el tema, plantea que si bien este era un suceso natural esperado, la construcción de la central y, específicamente, de la represa para la captación de agua, a unos 20 kilómetros de la cascada, pudo acelerar ese proceso.

Según explica a EXPRESO el también coordinador de Programa en la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la presa es una barrera que retiene los sedimentos pesados del río, el cual busca recuperarlos más adelante, causando para ello la erosión de su propio cauce.

En este enlace, lea un artículo académico de Emilio Cobo en que sustenta su tesis.

Si esta teoría se confirmara y con el tiempo la erosión llegara hasta la presa, sería una especie de revancha del río.

Los efectos, sin embargo, ya se han sentido y de forma grave. El 7 de abril, el hundimiento de la tierra produjo la rotura del SOTE (el Sistema de Oleoducto Transecuatoriano) y un derrame de petróleo en la zona.

A los geólogos les sorprende que eso ocurriera 65 días después del colapso de la cascada y del inicio del proceso de erosión y que, pese a ello, ni las autoridades del Ministerio de Energía ni de la petrolera estatal hubieran tomado acciones de prevención o contigencia.

El martes de esta semana, este Diario solicitó formalmente al Ministerio de Ambiente; al Ministerio de Energía y Recursos No Renovables; y a la Corporación Eléctrica del Ecuador (Celec), información sobre las medidas de control, prevención o contingencia que, en sus respectivos ámbitos, hubieran tomado en este tema. Hasta el viernes no hubo respuesta.

No obstante, en una conferencia virtual que dictó el 22 de junio a través del portal del Colegio de Ingenieros Geólogos de Pichincha, Jorge Sevilla citó un documento del Gobierno. Se trata de un informe del Servicio de Geología de Estados Unidos, que habría hecho un estudio rápido de la situación.

Básicamente, corrobora lo que sostienen Cobo, Sevilla y otros profesionales ecuatorianos que han seguido ese tema.

Así, ratifica que existe un potencial peligro para la presa de Coca Codo Sinclair. Solicita prestar atención a la población de Manuel Galindo y pide que se les notifique del riesgo. Y ubica cuatro ‘knickpoints’ en los kilómetros 4, 10, 12 y 16 de donde estaba la cascada.

El informe, que los autores insisten en declarar preliminar por la falta de datos básicos, recomienda la adquisición de imágenes satelitales con una resolución específica; estudios geomorfológicos y evaluación de pendientes de equilibrio del río; estudios de estabilización de las laderas, entre otros.

Con todas esas advertencias, habrá que ver si esta vez las autoridades de turno actúan con agilidad o si tendrán la misma reacción que las de 1985. O de las del pasado 7 de abril.