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A propósito de la elección de vicepresidente de la República al inicio de esta semana, para lo cual el presidente envió a la Asamblea una terna de tres candidatos para que se elija quien ejercería esa función durante los años que faltan para concluir el período, luego de la votación respectiva que llevo a la designación de Otto Sonnenholzner como vicepresidente, me permito reflexionar con ustedes sobre algunos temas previos, que a mi criterio una gran mayoría deberíamos notar.

Quisiera referirme al escrutinio público que debieron enfrentar los tres candidatos a la Vicepresidencia de la República, al tomar la decisión de participar y pasar de la comodidad de la esfera privada al escenario de la vida pública, y las renuncias que esto significa.

Usualmente quienes estamos del otro lado de la televisión observamos el proceso de selección que se realiza, pero a lo mejor detrás de quienes participaban hay renuncias tan importantes como la tranquilidad de la vida diaria, que va desde el hogar hasta el trabajo de todos los días, y que para quienes gustan de él es un lugar de desarrollo y satisfacción.

Debemos partir de la siguiente circunstancia: existen algunas personas que afrontan el ejercicio de la función pública por el solo hecho de realizar un trabajo en el que se piensa se puede cumplir una labor bien hecha. El escrutinio en las redes sociales muchas veces no se acerca a esta realidad. En ese contexto, al momento de difundirse la terna para vicepresidente pude observar que se cuestionaba la falta de experiencia en la función pública de cada uno de ellos, las contrataciones que habían tenido con el Estado, su actividad profesional, por mencionar algunos puntos. Me pregunto si alguno de ellos no se cuestionó la decisión de aceptar ser parte de una terna.

Es verdad que el escenario político actual nos ha llevado a ser una comunidad altamente desconfiada y suspicaz, sin embargo debemos también permitir que nos demuestren que sí hay gente dispuesta a trabajar por el país responsablemente. Está en manos del vicepresidente esa delicada tarea.