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El retorno de los ibarrenos plasmado en troncos de pino
Una niña abraza a su madre, mientras con tristeza observa a la ciudad de Ibarra en ruinas. Ambas se embarcan en una carreta antigua con destino hacia Santa María.

Una niña abraza a su madre, mientras con tristeza observa a la ciudad de Ibarra en ruinas. Ambas se embarcan en una carreta antigua con destino hacia Santa María de la Esperanza, en las faldas del volcán Imbabura, lugar donde los sobrevivientes del terremoto de 1868 vivirán durante cuatro años antes de regresar a su suelo natal.
Esta es una de las obras que el público pudo apreciar el pasado fin de semana cuando se realizó el concurso de escultura con motosierra, en el parque La Merced, de Ibarra, en el cual participaron 13 escultores de la parroquia San Antonio. La temática era el retorno tras el evento sísmico que sufrió la capital imbabureña la madrugada del 16 de agosto de hace 148 años.
Uno de los participantes fue José Leonardo Mesa, con 27 años de experiencia. Él cuenta que en su mente se trasladó hacia la época para plasmar lo que pudo haber sido la tragedia en la que, según el libro de don Roberto Andrade (Montalvo y García Moreno) cerca de cinco mil personas de Ibarra y sus vecinos Cotacacahi, Atuntaqui, Caranqui, San Antonio, San Pablo y Tumbabiro murieron.
El Gobierno Autónomo Descentralizado Municipal, promotor del evento, entregó a cada participante un árbol de pino de 2,40 metros de altura. Sus habilidosas manos debían impresionar a las personas.
En el caso de Mesa utilizó en un 80 % la motosierra para dar forma a la niña y su madre de etnia indígena. Para los detalles de la cara y cabello en cambio usó gubias para tallar la madera y formones, una herramienta manual. Para él lo más difícil fue plasmar lo que quería hacer en el boceto inicial.
Jorge Pomasquí, quien trabaja en ese arte durante 35 años, oficio heredado por su hermano Segundo, retrató a una campesina que en sus hombros llevaba un niño de tres años y ellos retornaban luego de cuatro años en las montañas.
Una de esas obras puede llegar a costar hasta 2.500 dólares. Gastón Andrango, coordinador del Centro Cultural El Cuartel, dijo que con el evento se trata de fortalecer la identidad, “y el terremoto es parte de la memoria colectiva de los ibarreños”.
Durante una hora cronometrada, cada artesano trabajó en un tronco de un metro y desarrolló un tema libre. Las obras finales fueron subastadas al público. La base empezó con 5 dólares hasta llegar a $ 110. La que mayor cantidad de dinero se llevó fue la de Patricio Chuquín. Se trataba de un detalle que hacía alusión a un tema silvestre, el concepto era de cómo se debe cuidar a la fauna de los Andes y fue representado por un oso.
Andrango comentó que es importante generar herramientas para enseñar a las nuevas generaciones los acontecimientos. Las obras son expuestas en una muestra museográfica para interactuar con las unidades educativas y ciudadanía en general en El Cuartel desde esta semana.
El 28 de abril de 1872, los sobrevivientes retornaron a Ibarra por disposición del entonces jefe civil y militar de Imbabura, Gabriel García Moreno, quien se encargó de restaurar el orden. Con mano firme y con látigo castigó a todos quienes se dedicaron a robar, violar y matar. Los ibarreños lo denominaron El Retorno y esa fecha es celebrada todos los años.
Para la reconstrucción, García Moreno usó como referencia una palmera ubicada en la calle Antonio José de Sucre y Oviedo. Un arquitecto trazó la ciudad en línea recta y con nueve cuadras de ancho y largo. (F)