Respondiendo a una confusa mazamorra historica

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Respondiendo a una confusa mazamorra historica

Respondiendo a una confusa mazamorra histórica

El 29 de octubre apareció una carta del Ab. Carlos Romero que establece una desconocida teoría sobre “la fundación española de Babahoyo antiguo o Santiago del río Amay, como él dice, por Benalcázar en 1535, en el sitio denominado estero de Dinas, y que negarla constituye un perjuicio del patrimonio histórico-cultural de esa ciudad. Cabe añadir que nadie ha negado dicha inédita fundación.

La equivocación.- El Ab. Romero confunde traslado con fundación. Lo primero es un simple cambio de sitio de algo que ya existe. Lo segundo, la creación de un ente jurídico llamado Cabildo, Justicia y Regimiento (Municipalidad). También yerra al mencionar el nombre, que es Dima, por el cacique de los contornos, no Dimas ni Dinas, como se le antoja al Ab. Romero, quien lastimosamente mezcla el traslado de la ciudad de Santiago, hoy Santiago de Guayaquil (hecho histórico que nadie niega) con una supuesta fundación española de Babahoyo, sin caer en cuenta de que su teoría sobre el traslado a Amay de 1535 es totalmente imaginativa, pues se hizo con parte de los vecinos del Cabildo de la Ciudad de Santiago cuyos nombres se conocen por constar en Cédulas Reales y en Probanzas de Conquistadores.

En su origen colonial Babahoyo fue, al igual que Guayaquil y demás poblaciones de la costa, un caserío compuesto de edificaciones precarias. Con el paso del tiempo se fueron transformando en lo que actualmente son.

Declaración olímpica.- Al final el autor rechaza con un infantilismo digno de mejor suerte la existencia de la Deuda de Anzoátegui, pese a que fue declarada de Crédito Público por el Congreso Nacional de 1951. Sería muy conveniente que antes de adoptar posiciones rotundas revise la obra de Dn. Pedro Moncayo, El Ecuador de 1830 a 1875, entre otras, y que no opine sobre asuntos que recién está conociendo antes de estudiar las publicaciones nuevas de Julio Estrada, José Antonio Gómez, Dora León y Adam Szasdy.

Rodolfo Pérez Pimentel