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Por el respeto a la honra ajena
La próxima campaña electoral abre las puertas a todo género de circunstancias, donde se mezclan múltiples intereses, salvo -excepcionalmente ocurre- el nacional. En efecto, aunque es uno de los más proclamados y de distinta manera: intereses populares, de la nación, de las mayorías, de los humildes, etc., el interés nacional auténtico, en la práctica, es el que menos aparece.
Si no se cuida el interés de la nación, ingenuo sería esperar que se respeten honras ajenas, que son materia del interés de cada quien, tal como ha sucedido recientemente con una noticia que vincula a personajes de distintos ámbitos con la controvertida agencia de inteligencia del país del norte, con ánimo de poner en duda su proceder -ante la eventualidad de una posible candidatura- o de restar peso a sus opiniones y así disminuir su influencia sobre la colectividad.
Un mínimo de racionalidad permitiría suponer que en asuntos que pueden afectar al común de los ciudadanos, los que buscan favorecerse electoralmente con su simpatía, tendrían buen cuidado de no incidir. Pero vivimos un electoralismo torpe, con seguridad derivado de asesorías propias de la promoción de utensilios de uso doméstico y entonces, en una puja que denota la ausencia de grandeza que nos está degradando como pueblo, a partir de una estimación disminuida de las capacidades del electorado, se continúa con el hábito del campeonato de las ofertas, en relación a una clientela cautiva por su pobreza, y en no pocos casos por su apatía, cuando lo que debería ofrecerse sería la creación de empleo y no de degradantes bonos.
(Ni pan sin dignidad, ni dignidad sin pan, se decía en otros tiempos).
Ama tanto a los pobres que no deja de fabricarlos, se expresó alguna ocasión en los Estados Unidos. Pareciera que de ese mismo tipo de amor están preñados algunos candidatos.
¡Cuidado! La gente quiere respeto. Que no se la manipule abusando de sus necesidades.
Devánense los sesos los candidatos para ingeniarse fórmulas que propicien la creación de fuentes de trabajo, bajo la certeza de que el generar más incertidumbres sobre las existentes, será severamente castigado.
huertaf@granasa.com.ec