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Reputacion vendida
Por las carreteras de la patria se pagan peajes fuera de las cabinas establecidas para el cobro. En la ruta de Guayaquil a Manta, por poner un ejemplo, los agentes acechan el paso de extranjeros por los pueblos que la riegan para perseguirlos y en las afueras, al resguardo de cámaras indiscretas, exigir la coima correspondiente bajo la amenaza de multas de cientos de dólares que alguien de fuera no tiene por qué conocer. Lo contaba estos días un colega español ya avezado en estas lides. “Cuando le dije al policía, mire usted que llevo cinco años viviendo aquí y soy periodista, el guardia cambió completamente de actitud y me dijo: ¡Ah!, entonces ya no hay problema y a ver si habla bien de nosotros en el periódico”.
Por los pasillos de la Asamblea lo que al parecer se pagan son diezmos. Los asesores y ayudantes de algunos asambleístas tienen que aportar con parte de su sueldo o con abonos de alimentación, peluquería, gasolina o la compra del jefe. La denuncia explotó esta semana y aparenta ser cierta porque todos reconocen que era un secreto a voces. Pero ahora esto parece importar menos que la honra de los legisladores honrados, y valga este pensamiento perogrullesco. La Cámara, antes de fiscalizar, mejor de fiscalizarse, se ha lanzado a una campaña para proteger su buen nombre y que no se conozcan nombres. Mejor sería sacar a la luz a los corruptos y dejar las bancadas limpias. Así la sospecha pende sobre todos.
Por las tarimas de los tribunales se conoció ayer que la sentencia de Lago Agrio sobre la contaminación de Chevron fue obtenida a través de fraude, soborno y corrupción. Los abogados de los demandantes prometieron pagos al juez del caso para elaborar partes de la resolución. Lo determina un tribunal internacional de arbitraje de La Haya. Ecuador ya no solo que no va a recibir los 9.500 millones de dólares para remediación por los desastres de la petrolera sino que va a tener que pagarle a la empresa.
Podemos ahora envolvernos en el manto del nacionalismo recalcitrante, del derecho a no generalizar o de las costumbres del país pero eso solamente va a servir para el consumo interno. La realidad, dura, es que la reputación y la imagen internacional de Ecuador continúa resquebrajada y los bolsillos del Estado y los ecuatorianos cada vez tiritan más de penuria.