Sitio. Los libros permanecen en un área restringida y bajo una temperatura que va entre los 18 y 20 grados.

El Registro de la Propiedad revela sus tesoros ocultos

Casas. El Registro inició la atención en la Gobernación. Luego se mudó al Palacio de Justicia y a un edificio de Panamá y Roca. Hace 6 años está en el nuevo local.

Entre millones de documentos que permanecían en carcomidos cartones y estanterías, el Registro de la Propiedad de Guayaquil descubrió a lo que denomina su ‘apreciada joya’ y que está relacionada con la historia de la Perla del Pacífico.

Se encontraron testamentos de personalidades, como de la santa Narcisa de Jesús Martillo Morán y el prócer José Joaquín de Olmedo; así como el acta de donación de terrenos para la construcción de la Catedral y del Club de la Unión. En ese entonces al registrador se lo llamaba anotador de hipotecas.

Hay revelaciones que para la actualidad suenan curiosas, como los esclavos hipotecados e inscripción de cargos públicos; incluso la reserva de partituras de cantautores.

Con la recopilación la entidad planifica la creación de un museo, anunció el registrador de la Propiedad, Ivole Zurita.

Funcionará en el mismo edificio donde atiende a los usuarios, situado en las calles General Córdova y Víctor Manuel Rendón.

La entidad ha logrado archivar 25.485 libros con información obtenida por anotación, transcripción e inscripción y que se remonta desde 1826.

Con la ayuda de especialistas han logrado descifrar miles de textos manuscritos, que luego son tipografiados.

La primera anotación registrada en el libro Instrumentos Públicos data del 23 de octubre de 1826. Corresponde al contrato de compraventa por 4.100 pesos celebrada por el doctor José Antonio Monroy a favor de Juan Javier Aguirre, el mismo que tuvo por objeto huertas de cacao, palmas de cocos y una casa que lindaba con el río Baba (hoy perteneciente a la provincia de Los Ríos).

El Registro solicitará al Ministerio de Cultura el microfilm de 13 libros que entregó la anterior administración de la entidad guayaquileña a la cartera de Estado. Guardan información relevante sobre inscripciones de lo que en ese entonces se extendía la ciudad.

Los antiguos textos permanecen en un área restringida del edificio. “Se los mantiene en una temperatura que va entre los 18 y 20 grados”, comentó el jefe de Archivo (e), Antonio Bermúdez.

Diario EXPRESO tuvo acceso a las instalaciones. “Ante un eventual incendio se activan dos bombonas que esparcen una espuma especial que protegen a las hojas de manchas”, destacó Zurita.

Uno de los restauradores de la entidad es Andrés Tomalá, quien prefiere trabajar con el antiguo proceso: pegar con goma blanca, coserlos y cubrirlos con lienzo. En ocasiones la tarea toma hasta una semana.

Mientras tanto, la institución continúa el proceso que inició hace seis años; tecnificar la atención al usuario.

Así fue que empezó todo el proceso de recuperación de documentos, señaló Zurita.

Este comenta, que además de lo histórico la entidad también apuesta por lo nuevo, la Cédula Inmobiliaria Registral Municipal. Este producto, que se presentará en mayo permitirá a los visitantes acceder a documentos actualizados de un predio en solo un clic.