Reflexiones

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Conforme avanzan los días se van acercando las fiestas navideñas en medio de un ambiente casi pagano, controlado por un tsunami mercantilista que nos abruma y nos tiene absolutamente colonizados.

Hemos olvidado que se trata de una de las festividades más importantes de nuestra Iglesia, al rememorar el nacimiento del hijo del carpintero de Nazaret, que con su bondad, persistencia, humildad y don de la palabra, transformó a la humanidad, dándole ejemplos, consejos, normas y principios.

Con su palabra reivindicó al género humano, haciéndonos entender que poseedores de un cuerpo pesado y transitorio en cuanto a existencia se refiere, llevábamos en nuestro interior el alma, espíritu o soplo de sabiduría, que debía elevar y sublimizar nuestros actos, para que al ejecutarlos nos pareciésemos a aquel que nos hizo a su imagen y semejanza.

Uno de sus grandes e inolvidables mandamientos fue aquel: “Amaos los unos a los otros”, en donde se reflejaba su deseo de que al margen de nuestro genoma, la humanidad se estructurase interactuando en un ambiente de paz, fraternidad y amor, con el propósito de lograr un desarrollo y progreso armónico, permanente y altamente rentable en términos sociales.

Pero lamentablemente, nada de esto se dio y parafraseando a un eminente actor mexicano, quien expresó: “Armaos los unos contra los otros”, parecería que sus palabras dichas ante un foro mundial hubiesen sido interpretadas cual mandato inexorable, que abrazado apasionadamente en diversas latitudes, ha dado origen a una raza que se despedaza frente a otra sin miramiento alguno y que cual hienas carroñeras se enfrentan sangrientamente por un credo o una franja de terreno.

Gracias a un voraz materialismo, se acabó la familia, se terminaron la ética y la moral, se suprimió del diccionario el término honradez, sustituyéndolo por “depravación”; el civismo es una utopía, el patriotismo una estupidez; además, desaparecieron las filas para visitar al Señor, que en su abandono y soledad, continúa velando por sus hijos, que muy alegremente lo borraron de su existencia. ¡Feliz Navidad!

Y sigo andando...

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