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Radical
El texto que hoy compartimos (Lucas 9, 51-62) abre la itinerancia de Jesús y su gente hacia Jerusalén, a la que el evangelista dedicará 10 capítulos de su libro. “Cuando iba llegando el tiempo de que se lo llevaran al cielo, emprendió con total decisión el viaje hacia Jerusalén”... No dice “cuando se aproximaba su muerte”, sino cuando iba a ser arrebatado de la historia porque el Padre lo resucitaría. Relato desde la fe.
¿Por qué tomó Jesús esa decisión sin discutirla? ¿Para cumplir con la ritualidad de la Pascua? ¿Pensó que con solo sembrar el Reino en su Galilea querida no bastaba y que el Padre le empujaba a remover, en las piedras del templo, todo lo que Jerusalén significaba? Lo decidió y, por lo que parece, sus discípulos lo acompañaban entusiasmados.
El itinerario exige cruzar Samaría, tierra “infiel”. Se adelantan algunos para gestionar comida y alojamiento en una aldea. Pero, al saber que el rabí se dirigía a Jerusalén, no quisieron recibirlos. Si los mensajeros hubieran explicado a los samaritanos que su maestro iba a enfrentarse a los grandes de la capital, seguro que hubieran reaccionado de otra manera. Pero si dijeron que iba a proclamarse “rey de Israel”... No hubo alojamiento. Los discípulos se enfadaron. Los “hijos del trueno” proponen a Jesús dar una lección a los samaritanos, actuando como alguna vez había hecho el profeta Elías, “haciendo que caiga un rayo del cielo y acabe con ellos”. Que no se han enterado, vaya.
Él “se volvió y los reprendió”. No sabemos qué les dijo exactamente, pero es fácil suponerlo. “Y se fueron a otro pueblo”. Como Lucas no nos dice cuándo salieron de la frontera de Samaría, hasta podemos imaginar que “mientras iban de camino” pudo ser en tierra de samaritanos y que alguno de ellos pidiera a Jesús que le permitiera ir con el grupo: “te seguiré a donde vayas”. Seguro que al Maestro le gustó... y sonreiría.
-No te creas lo que te hayan dicho estos... porque “el Hijo de Hombre no tiene ni dónde recostar la cabeza”. Conmigo no hay seguridades ni de hotel ni de catering. Tú decides.
Hay otros dos a los que el Maestro invita a que se unan al grupo y ellos se animan a hacerlo, pero con condiciones: “Déjame primero enterrar a mi padre”. A cumplir con lo que la muerte exige. “Deja que los muertos entierren a los muertos; tú ve a anunciar el reino de Dios”. “Déjame despedirme de mi familia”, que mis padres ya son viejitos y se van a quedar tristes... “Quien pone la mano en el arado y mira atrás no es apto para el Reino de Dios”. ¿Intransigente el maestro? Exigente: libertad total frente a lo que el Reino significa y exige. Lo que el Reino de Dios es y quiere irse haciendo está por encima de cualquier situación particular. Y eso iba para los samaritanos del camino y para los judíos que lo acompañaban desde Galilea. Y para nosotros.
¿Cómo leer hoy las palabras que Lucas pone en boca de Jesús, si hasta las monjitas de clausura salen a echar una mano a sus madres enfermas, llegado el caso? Como lo que son: una advertencia y una invitación: a no dejarnos atar por el pasado ni por las normas que no empujan la vida y a no esperar premios por la labor hecha. El Reino es un don gratuito que solo se vive en libertad. Buenos días.