El proteccionismo de Trump

Para evitar el arancel del 25 % a las importaciones de acero impuesto por el gobierno de Trump, algunos países aceptaron aplicar cuotas de exportación a 59 variedades de productos de acero. A la par, el gobierno señaló que los fabricantes estadounidenses que usan insumos de acero pueden solicitar al Departamento de Comercio una exención del arancel si necesitan productos especiales que no se consigan en EE.UU. A Trump tal vez le parezca que imponer cuotas a las exportaciones y otorgar exenciones a los importadores locales es bueno para EE. UU. en lo político y en lo económico. Nada más lejos de la verdad. Políticamente, ya le hizo un daño grave a la posición internacional de EE. UU. al justificar aranceles contra exportaciones de países aliados como una cuestión de “seguridad nacional”. Pero las derivaciones económicas de los aranceles de Trump no son menos alarmantes. Los fabricantes estadounidenses que dependen de insumos de acero ya afrontan costos más altos, y es posible que pronto se encuentren con faltantes; el precio del acero en EE. UU. aumentó a un 50 % más que en China o Europa. Harley-Davidson, la emblemática empresa fabricante de motocicletas anunció hace poco que por el aumento de costos, trasladará parte de la producción fuera de EE. UU., para evitar los aranceles que aplicará la UE en represalia. Conforme los costos para los fabricantes de EE. UU. aumenten respecto de los competidores extranjeros, los consumidores estadounidenses también enfrentarán precios más altos. Esto los llevará a limitar o postergar compras y trasladar al menos una parte del consumo a productos de fabricación extranjera, hoy comparativamente más baratos por los aranceles. Además, con un sistema de cuotas fijas, los exportadores de acero surcoreanos, por ejemplo, no competirán en el mercado estadounidense. La experiencia internacional del pasado en relación con el uso de cuotas hace prever que habrá menos control de calidad y más demora en las entregas, ya que los exportadores no tendrán motivos para competir por nuevos clientes. Las exenciones arancelarias pueden generar perjuicios similares. En la práctica, este sistema permitirá a cualquier productor local impedir la importación libre de impuestos de piezas de acero que se considere capaz de producir. En esta nueva era de proteccionismo, las empresas estadounidenses que obtengan exenciones arancelarias y las empresas surcoreanas que reciban cuotas preasignadas obtendrán valiosos derechos de propiedad con poco costo. Eso dará a las empresas más razones para peticionar y presionar a las autoridades a cargo de las licencias, lo que complicará todavía más el proceso y aumentará el margen para la corrupción. Las políticas comerciales de “Estados Unidos primero” de Trump provocarán más falsedades de parte de los proveedores locales, menos control de calidad, demoras burocráticas y un aumento de barreras para potenciales nuevos competidores. La administración Trump recortó impuestos y eliminó regulaciones, con la esperanza de estimular el crecimiento de la productividad. Pero al someter a los fabricantes estadounidenses y al mundo a un sistema de aranceles, cuotas y exenciones, logrará el efecto opuesto: menos competencia, precios más altos, peor servicio y menos innovación.