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Stephen Holmes | Por qué Trump dejó morir el control de armas nucleares

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En el ámbito nuclear, disminuir la incertidumbre suele ser más estabilizador que reducir el número de armas

La expiración del Nuevo START no solo eliminó los límites a los arsenales nucleares de Rusia y Estados Unidos; también desmanteló el sistema de inspecciones, intercambios de datos y notificaciones que hacía creíbles los compromisos y reducía la incertidumbre estratégica. Su desaparición refleja algo más profundo que un fracaso diplomático: una concepción transaccional de la política exterior.

Según esta visión, asociada a Donald Trump, el conocimiento institucional acumulado no es un activo, sino una limitación. Las negociaciones no son procesos graduales de aprendizaje mutuo, sino episodios aislados donde la influencia inmediata importa más que la memoria. La inexperiencia puede verse como ventaja, al no estar condicionada por acuerdos previos.

Esta lógica tiene precedentes en su trayectoria empresarial, marcada por renegociaciones agresivas y conflictos contractuales. Algunos analistas describen esta práctica como “vender la buena voluntad”: obtener beneficios consumiendo reputación en lugar de preservarla. Aplicada a la política internacional, esta estrategia resulta problemática, porque las relaciones entre Estados no son transacciones únicas, sino interacciones continuas donde la reputación es acumulativa y global.

Algo similar ocurre con su enfoque hacia las alianzas. Al plantear la protección estadounidense como un servicio por el que los aliados deben “pagar”, se introduce una lógica cercana a la transacción comercial. Sin embargo, si el compromiso de defensa mutua se percibe como incierto, la base misma de la alianza se debilita.

La diplomacia nuclear depende especialmente de la continuidad institucional. El Nuevo START sostenía una infraestructura epistémica compartida: inspecciones in situ, telemetría y notificaciones que reducían la incertidumbre. En el ámbito nuclear, disminuir la incertidumbre suele ser más estabilizador que reducir el número de armas. Cuando desaparece la verificación, la sospecha llena el vacío. Cada parte asume el peor escenario y responde aumentando despliegues y niveles de alerta. Las carreras armamentísticas pueden surgir no tanto de intenciones agresivas como del deterioro informativo.

En el fondo, el conflicto es entre dos concepciones del tiempo político. El tiempo institucional es acumulativo y se basa en memoria, reglas y expectativas compartidas que trascienden gobiernos. El tiempo episódico es transaccional y mide el éxito por resultados inmediatos. La estabilidad nuclear pertenece al primero: requiere previsibilidad sobre cómo evolucionarán capacidades e intenciones.

En la estrategia nuclear no existe un segundo intento para corregir errores graves. Con la expiración del tratado, miles de ojivas quedan sin límites vinculantes ni verificación. Cuando los compromisos dejan de entenderse como obligaciones duraderas y se tratan como herramientas circunstanciales, la estabilidad construida durante décadas puede erosionarse con rapidez.