Rubén Montoya Vega | Cuando despierte, será tarde
Y no dije nada porque yo soy ingeniero, publicista, amo de casa, médico o aspirante a serlo, dirigente de lo que sea...
Al principio vinieron por sus adversarios electorales directos y yo no dije nada porque no estaba en esa colada donde mezclaron a todos, los que habían robado y los que no, los que se habían fugado dejando atrás arcas saqueadas o grilletes rotos y los que no. Los deshonestos y los que no. Los cientos que eran dirigentes y los millones que no, que apenas eran simpatizantes permisivos, o ciegos. O agradecidos.
Luego vinieron por las instituciones que equilibran el poder en democracia y no dije nada porque no soy institución ni entiendo mucho de eso. Y se las tomaron todas, arrasando lo que encontraban a su paso: ley, pudor, decencia, dignidad.
Después vinieron por sus enemigos reales o inventados -y los investigaron abusando de los organismos ya tomados- a los que lo merecían y a los que no, a los que tenían rabo de paja y a los que no, pues lo que importaba era liquidar a quien pudiera molestar los humores cotidianos del nuevo dueño del país o, peor aún, tuviera chances de ganar alguna elección popular. Y yo no dije nada porque no soy su enemigo y no seré jamás candidato ni para prosecretario de junta barrial.
Enseguida vinieron por los que elevaron voces de alerta o condena ante los conflictos de intereses, los millones despilfarrados, las amnistías a dedo, la ineptitud para ejercer cargos, la indolencia para atender crisis, los atropellos a la ley. Y los persiguieron inventándoles faltas, fraguando pruebas, usando a muchachos de mandados en las instituciones, sean ministros o superintendentes, y a una banda de sicarios digitales o de áulicos pautados, alquilados con dinero público para imponer un relato mentiroso. Y no dije nada porque yo soy ingeniero, publicista, amo de casa, médico o aspirante a serlo, dirigente de lo que sea, abogado en joda, propietario de negocio, vendedor. Ciudadano común, votante. Nadie. Y no soy opositor, ni crítico, ni -¡Dios me proteja!- periodista, y las únicas sospechas que he tenido en mi vida son que mi mujer me engaña.
Quizás algún día vengan por mí. Me pregunto si para entonces habrá alguien que hable en mi nombre. O si, para cuando despierte, ya sea demasiado tarde.