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Prosperidad en la era digital
En todo el mundo la gente pide cambios. Los últimos resultados electorales (el “brexit” en el Reino Unido y las elecciones presidenciales en Estados Unidos sean tal vez los ejemplos más notables) han puesto de relieve la creciente incertidumbre económica. Por eso resulta imperativo que los líderes articulen y cumplan una visión clara para un crecimiento económico incluyente, que cubra no solo las políticas tributaria y comercial (en las que se centran los debates actuales) sino también la digitalización. Esta digitalización, cuyo valor económico potencial será en la próxima década de unos $19 billones, tiene el poder de poner en marcha el crecimiento del PIB, la creación de empleos y la innovación en los países. Mientras otras naciones adoptan sólidas estrategias digitales, EE. UU. está quedando a la zaga. En el tema de la digitalización nadie tiene derecho de preeminencia a nada y no hay tiempo que perder. Incluso en Silicon Valley debemos reinventarnos constantemente para mantener nuestra competitividad. La economía estadounidense debe hacer lo mismo o arriesgarse a perder su lugar en la vanguardia de la innovación. Únicamente con un plan de digitalización claro y eficaz puede el país conservar su estatus como líder económico global en la era digital y satisfacer al mismo tiempo las exigencias de sus ciudadanos de mayores oportunidades económicas. La conectividad tiene el poder de transformar las economías y generar nuevas oportunidades. Por eso la nueva agenda digital de EE. UU. debe corregir el hecho de que, a pesar de vivir en uno de los países más ricos del mundo, un tercio de la población estadounidense siga careciendo de acceso de banda ancha en sus hogares. Resultan alentadoras las iniciativas de Ciudades Inteligentes que promueven la conectividad en Chicago y Washington, DC. Pero para cerrar la brecha digital se precisa una estrategia nacional más amplia que ponga el acento en la inversión en infraestructura digital más que solo en la inversión en infraestructura física. Un amplio acceso es esencial para que la tecnología cumpla su potencial de ser uno de los grandes igualadores económicos. Un plan de digitalización estadounidense eficaz debe apoyar las empresas emergentes o “start-ups”. Las compañías jóvenes son el futuro de la creación de empleos (son la principal fuente de nuevos puestos de trabajo en EE.UU.) y la disrupción tecnológica, mas se encuentran en declive en el país. Debemos revertir esta tendencia inyectando más combustible al motor de las emergentes en la economía estadounidense. Con ese fin será necesario que las empresas y el Gobierno colaboren para crear un ambiente que estimule a los emprendedores a hacer realidad sus visiones: beneficios tributarios para las compañías en etapas tempranas de desarrollo, e inversiones de capital corporativo y de riesgo que preste apoyo financiero y oportunidades de tutoría a las empresas emergentes. Se debe invertir también en la fuerza de trabajo actual, que en gran medida carece de las habilidades necesarias para competir en la era digital. Al mismo tiempo, debemos transformar nuestro sistema educativo para que las generaciones más jóvenes adquieran esas mismas habilidades necesarias para alcanzar empleos digitales bien remunerados en el futuro.
Project Syndicate