El Principito (final)

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El Principito (final)

Estas columnas resaltan las lecciones que El Principito deja en mí, pero las grandes obras no dejan marcas iguales a todos los lectores, justamente en ello está el valor del escritor. Los animo a releer esas 96 páginas y que ustedes encuentren las suyas. Mis nietos me llevaron otra vez a analizarlo y a sentir su impacto en mi vida. Carmen, mi compañera y amiga del colegio de La Asunción, me comentaba: “Amiga querida, siempre me centré en el zorro, la rosa y el Principito”, bueno y son lo más importante.

“¡Es un hongo!”, dijo el príncipe al señor que nunca ha olido una flor, ni mirado una estrella y que jamás había querido a nadie. ¡Qué buen nombre para quien no ha amado! ¡Qué buen nombre para nuestro propio comportamiento cuando no sabemos relacionarnos! El Principito estaba agobiado por que su rosa exigía demasiada atención y decide alejarse, y en ese viaje se da cuenta de que está domesticado, que su rosa es única con sus defectos y con sus virtudes, y decide volver.

El zorro le enseña que la condición necesaria para el amor es la responsabilidad: “Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa...”. ¿Queremos responsablemente? ¿Cómo se inicia una relación? Desde una curiosidad ingenua, gusto físico, afinidades; para la rosa desde sus necesidades, las que quería que él llenara sin llegar a mostrárselas de verdad. Ella quería que la cuidaran, que la alimentaran y la protegieran.

Conocernos más allá de la apariencia, no se da de la noche a la mañana. Hay que crecer individual y colectivamente. Mis hijas me han escuchado decir que amar de verdad no es enamoramiento, ni sentimiento, sino una decisión diaria, tomada a cada hora y a cada minuto con la marca de la responsabilidad asumida; aprender a leernos de forma sana y profunda y tomar una decisión sobre permanecer juntos. Después de todo, las personas al igual que las flores también podemos ser contradictorias.

Así, príncipe, zorro y rosa nos enseñan que “lo que hace importante a tu rosa es el tiempo que le has dedicado”. ¿Cuánto tiempo le has dedicado a tus verdaderos afectos?