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Un principio valido y vigente
Antes en el Ecuador y en Guayaquil existía y se practicaba una tradición a la que los políticos se apegaban mucho, buscando continuarla y reproducirla, especialmente los interesados en el accionar respecto a lo que se llama “la cosa pública”. Esta se refería, fundamentalmente, al comprender, conocer, relievar y dar la debida importancia a las ideas y los conceptos que sobre la praxis política aportaron diferentes intelectuales, pensadores y maestros del pasado.
Al decaimiento siguió la indiferencia. Hoy puede decirse que ese canon de la tradición ya no se lo busca ni se lo practica. Es posible que esto tenga mucho que ver con el continuo debilitamiento que el pensamiento social ha tenido y que le han ido otorgando los políticos y el conjunto del sistema educativo. Por eso, ahora que el país vive una acentuada crisis de ideas, de pensamiento crítico y de reflexión profunda sobre la política, la conducta de sus actores, los valores éticos y la forma de concebir ese accionar, es necesario que se revisen las propuestas de los grandes pensadores y maestros de ayer.
Uno de ellos fue profesor universitario ibarreño, verdadero maestro e intelectual, quien por su prestigio y solvencia moral se constituyó en un referente para las ciencias jurídicas, el Estado de derecho y la ética. Escribió muchas obras de estos temas. Una de ellas fue su tesis doctoral de 1925, que luego fue publicada por la Casa de Cultura, en diciembre de 1947. En esta obra describe y analiza las variantes que se daban al interior del liberalismo y de los porqués que llevaron a su descomposición. En su estudio, entre otras cosas, señala una idea central que bien merece ser recordada, releída, analizada y puesta en el escenario presente, porque se refiere a importantes aspectos que se debaten en estos tiempos. En esta tesis se señala que “la ciencia política moderna establece como uno de sus axiomas, la alternabilidad de los partidos en el poder y el liberalismo nuestro es, por esencia y por tradición, opuesto a esa alternabilidad, y hasta a la participación de otro grupo que no sea el suyo, en la administración. Así la injusticia ha sido su resultado. La nación es el partido liberal, es decir, el club eleccionario liberal; fuera de él, no hay ciudadanía, ni derechos”. Esta idea tiene, pues, mucha actualidad en el presente y de seguro seguirá vigente para los tiempos por venir.