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Preparar a Asia para Trump

Preparar a Asia para Trump

Independientemente de que el presidente electo de EE.UU., Donald Trump, se comporte una vez que esté en el cargo mejor que como lo hizo en la campaña, la autoridad global de su país ya se ha visto afectada, y no en menor medida entre sus aliados y socios en Asia. No será fácil para Trump ejercer el poder blando (liderar con el ejemplo democrático y moral), considerando su desprecio por la verdad, la argumentación racional, la decencia humana básica y las diferencias raciales, religiosas y de género, por no mencionar el hecho de que en realidad la mayoría de los votantes no lo eligió. Y si se trata de ejercer el poder duro (hacer lo que sea necesario para enfrentar los retos graves a la paz y la seguridad), poco se podrá confiar en su criterio, puesto que casi cada una de sus declaraciones de campaña era tremendamente contradictoria o bien directamente alarmante. Para mantener la seguridad, la estabilidad y la prosperidad en Asia se necesita un ambiente de colaboración en que los países aseguren sus intereses nacionales mediante asociaciones (no rivalidades) y comercien libremente entre sí. Lo único que permite confiar en Trump en este frente es que puede que en realidad no haga lo que dijo que iba a hacer, como iniciar una guerra comercial con China, abandonar los compromisos de sus alianzas y apoyar las armas nucleares en Japón y Corea del Sur. Se puede poner rienda a los peligrosos instintos de Trump si es capaz de rodearse de un equipo experimentado y sofisticado de asesores en política exterior. Pero habrá que ver si eso ocurre, y la Constitución de EE.UU. le otorga un extraordinario poder personal como comandante en jefe, si opta por ejercerlo. Probablemente Trump sienta mayor simpatía instintiva por Australia que por muchos otros de los aliados de EE. UU. Se percibe que nos hacemos cargo de nuestra parte de la alianza, y no en menor medida por haber luchado junto a ellos en cada una de sus guerras en el exterior (para mejor o peor) en los últimos cien años. Y, como cohabitantes del mundo anglosajón, estamos en la zona de comodidad de Trump. Pero Australia no se sentirá nada de cómoda si la dinámica regional general pierde el rumbo. Deberíamos haber aprendido ya que EE. UU., bajo administraciones con mucho mayor credibilidad inicial que la de Trump, es perfectamente capaz de cometer terribles errores, como las guerras de Vietnam e Irak. Tenemos que prepararnos para desatinos tan grandes o peores que los del pasado. Tendremos que juzgar por nosotros mismos cómo reaccionar a los acontecimientos, basándonos en nuestros propios intereses nacionales. Esto no quiere decir que Australia deba abandonar su alianza con EE.UU., sino que debe hacerse más deliberadamente independiente y dar una prioridad mucho mayor a desarrollar vínculos comerciales y de seguridad más estrechos con Japón, Corea del Sur, India y, especialmente, Indonesia, nuestro inmenso vecino. También hemos de reconocer la legitimidad de las aspiraciones de nueva gran potencia de China y abordarla de manera no confrontacional. Todos nos beneficiaremos de un marco de seguridad regional basado en el respeto y la reciprocidad mutuos, no en menor medida al enfrentar amenazas regionales como las provocaciones nucleares de Corea del Norte. Es decir, más Asia. Menos EE. UU.

Project Syndicate